Vistas de página en total

jueves, 24 de abril de 2014

BREVE HISTORIA DE LOS PAPAS MÁS RELEVANTES. Hasta el año 642 Juan IV

63º Papa.- Pelagio II dispuso que cada día los sacerdotes rezasen el oficio divino.
En el ejercicio de su labor de padre-Papa- dedicó sus mejores esfuerzos a aliviar las aflicciones y las angustias de los pobres y de los viejos, a quienes acogió siempre en el palacio papal.
64º Papa.- San Gregorio I el Grande, hijo del senador san Gordiano y santa Silvia y sobrino de santa Tarsila y santa Emiliana. Teniendo tan solo treinta y cuatro años cuando fue nombrado prefecto de la ciudad, cuando toda Italia estaba atacada y saqueada por los lombardos.
Con treinta y cinco años tomó el hábito monástico bajo la Regla de san Benito, confirmando dos de las cualidades que le habían adornado y adornarían toda su vida: la austeridad y la constancia en la oración, y que harían que fuese llamado doctor de la compunción y de la contemplación al ser modelo acabado en la ascética y en la mística; por ello y por su sabiduría ha sido considerado por la Iglesia uno de sus patriarcas y el cuarto y último de los cuatro originales Doctores de la Iglesia.
Muerto el papa Pelagio II, fue elegido, por unanimidad, el diácono Gregorio, siendo consagrado el 3 de septiembre de 590.
Recién nombrado Papa, dispuso que los tesoros de la Iglesia y las riquezas de su familia se empleasen en dar de comer al pueblo y pagó un tributo al rey lombardo Agilulfo para que levantara el asedio de la ciudad e hiciese con ello posible la recuperación de una vida normal, cesando durante tres décadas dicho asedio. Cuidó constantemente y con amor a los pobres, con los que solía comer, tanto antes como después de ser elevado al sumo pontificado. Fue el primer monje que alcanzaba la dignidad de siervo de los siervos de Dios- Papa-, llevó a la Iglesia el modelo de espiritualidad que él practicaba; publicó la Regla pastoral, que fue el código de todos los obispos durante la Edad Media; restauró la perdida disciplina entre el clero , e introdujo sabias modificaciones en la liturgia durante su pontificado, como el famoso sacramentario y la práctica de estaciones cuaresmales en las iglesias romanas, para las que compuso cuarenta homilías sobre los Evangelios. Todos esos trabajos le valieron el apelativo de <<Grande>> y como tal le conoce la historia.
Cuando concluyó la peste que asolaba Roma, se le apareció un ángel en lo alto de una roca, a la que después se llamó castillo de san Ángelo.
San Gregorio I creó el llamado canto gregoriano, publicó el Antifonario, formó una gran schola cantorum, aunó los cantos dispersos en una sola liturgia, con elementos de los diversos ritos, excepto el ambrosiano y el mozárabe.
Con la colaboración de santa Teodolinda, a quien hizo entrega de la sagrada corona de hierro que fuera de Constantino, inició una gran labor misional para la conversión de los lombardos al catolicismo; envió monjes benedictinos, con san Agustín de Cantorbery a la cabeza a evangelizar a los ingleses, y tuvo la dicha de ver, antes de finalizar su pontificado, que los visigodos españoles abjuraban del arrianismo en el III Concilio de Toledo del año 589.
Rigió  la cristiandad de un modo firme y eficaz, mientras en soledad se permitía añorar el retiro del monasterio. Logró un pacto con los lombardos, contuvo el cisma de Constantinopla, mandó por fin misioneros a Inglaterra y ejerció siempre su autoridad con gran moderación.
Aparte de las cuarenta homilías citadas, se conserva su Epistolario, ochocientas cincuenta y nueve cartas, otras veintidós homilías sobre Ezequiel, el Comentario a los libros de Job y sus obras Morales que tanto leyó santa Teresa.
Murió a los 64 años el doce de marzo de 604. Su cuerpo yace en la capilla Clementina de la basílica de san Pedro en el Vaticano.
65º Papa.- Sabiniano (604-606).
66º Papa.- Bonifacio III convocó un Concilio en Roma al que asistieron setenta y dos obispos junto al clero romano, en el que se prohibió, bajo pena de excomunión, discutir la legitimidad de los papas y el resto de los obispos mientras viviesen, así como que no debía ni proponerse ni designarse sucesor del Papa hasta tres días después de su inhumación. Hoy un decreto amplia ese tiempo a nueve días, el novendiali.
67º Papa.- San Bonifacio IV, recibió del emperador Focas el panteón y el templo que había construido el cónsul Agripa en honor de Júpiter Vengador, Venus y Marte para que el Papa lo consagrase a la Virgen María y a todos los mártires (el trece de mayo de 609) siendo así el primer templo pagano que fue transformado al culto cristiano en Roma. Al hacerlo, ordenó transportar veintiocho carretas llenas de huesos de mártires cristianos desde las catacumbas para colocarlas bajo el altar mayor de la nueva Iglesia, Santa María de los Mártires.
68º Papa.- San Adeodato I, alcanzó fama de santo entre cuantos les conocían, dándose por cierto, incluso que sanó a un leproso con el acto de besarle las heridas.
San Adeodato fue el primer Papa que impuso el timbre de plomo, la bullae, a los documentos pontificios, siendo el suyo el más antiguo timbre pontificio que se conserva en el Vaticano: la del Buen Pastor, con el símbolo del alfa y omega y el lema Deus dedit Papa.
El Líber pontificalis afirma que defendió al clero romano frente al monástico o regular, privilegiado desde tiempos del papa san Gregorio I el Grande; instituyó la ahora llamada misa vespertina, confirmada en el siglo XX por el papa Pio XII, y confirió a los sacerdotes la facultad de celebrar una segunda misa el mismo día: binación.
69º Papa.- Bonifacio V, instituyó el derecho de asilo - la inmunidad de asilo- para los perseguidos que se refugiasen en el interior de una Iglesia.
Sin el saberlo, durante su pontificado, en el año 622, se produjo la hégira, la huida de Mahoma desde la Meca a Medina, y con ella el inicio de las predicaciones de Mahoma.
 70º Papa.- Honorio I, instituyó la fiesta de la exaltación de la Santa Cruz.
Apuntes de interés:
La Iglesia romana olvidó prácticamente la existencia del papa Honorio hasta que en 1420, Juan de Turrecremata salió en su defensa, y en el Concilio Vaticano I de 1870, a cuantos eran contrarios a la proclamación de la infalibilidad del Papa usaron como argumento las cartas del papa Honorio, mientras los partidarios del dogma adujeron que la infalibilidad papal sólo era aplicable cuando los papas hablaban ex cathedra, la que no se daba en las dos cartas de Honorio a Sergio. Triunfó la infalibilidad.
71º Papa.- Severino. Pese a su temprana elección, el papa Severino tuvo que esperar un año y medio a que el emperador bizantino, Heraclio, autorizase su consagración, cosa a la que se oponía hasta que el recién elegido Papa ratificase un edicto suyo, la Ectesis, una profesión de fe redactada por el patriarca de Constantinopla, Sergio, que declaraba ortodoxo al monotelismo.
Pero como el emperador no autorizaba su consagración envió Severino a Constantinopla a sus enviados para prometerle su aprobación al edicto, pero cuando el Papa fue consagrado obispo de Roma y sumo pontífice no solo se negó a hacerlo, sino que convocó un concilio para condenarlo.
La vengativa réplica del emperador se concretó en una cruel depravación de los bienes materiales pontificios, usando para ello de testimonios falsos contra el Papa y el papado, y haciendo invadir por sus soldados el palacio y la Iglesia de san Juan de Letrán, lo que ocasionó tanto dolor al Papa que murió apenas dos meses después de ser elevado al pontificado, el dos de agosto de 640.
Apuntes de interés:
El monotelismo, que fue enunciado por el emperador Heraclio en el año 624, sostenía que la doble naturaleza de
Cristo, la divina y la humana, se manifestaban en una sola voluntad.
El emperador pretendía con ello conciliar la doble naturaleza de
Jesucristo, que defiende la doctrina ortodoxa, con la creencia monofisita de que tiene sólo una, buscando recuperar para la Iglesia los miles de monofisitas excomulgados por serlo.
El monotelismo ni recuperó a los monofisitas, ni mejoró las relaciones entre la Iglesia de
Roma y el imperio bizantino, y abrió campo a nuevas discrepancias.
El III Concilio de Constantinopla del año 680 zanjó la polémica al confirmar que en
Cristo hay dos naturalezas y dos voluntades, aunque subordinada la humana a la divina.

72º Papa.- Juan IV (640-642)

martes, 22 de abril de 2014

BREVE HISTORIA DE LOS PAPAS MÁS RELEVANTES Hasta el año 579 Benedicto I

41º Papa.- San Zósimo, en su tiempo, se extendió el uso del cirio pascual a todas las Iglesias.
42º Papa.- San Bonifacio I renovó lo dispuesto por san Sotero prohibiendo a las mujeres tocar los paños Sagrados e intervenir en el quemado del incienso.
43º Papa.- San Celestino I, en su primer año convocó el III Concilio Ecuménico, en el que fueron condenados los seguidores de Nestorio, quien defendía que María era sólo Madre de Jesús en cuanto hombre, pero no en cuanto Dios. Con san Cirilo de Alejandría como representante suyo, san Celestino luchó para que se celebrara el Concilio de Éfeso, en el año 431, y en él se proclamase el dogma de la maternidad divina de María.
En Éfeso, como todos los católicos después, los padres conciliares repitieron e hicieron suyas las palabras del papa san Celestino: <<Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte>>
Defendió con energía el perdón del pecador arrepentido en la hora de su muerte.
44º Papa.- San Sixto III. Tras la aprobación del dogma que define que María es Madre de Dios, san Sixto, para conmemorarlo, hizo reconstruir la basílica de Santa María la Mayor y la embelleció con los espléndidos mosaicos que aún hoy son visibles a lo largo de las paredes de la nave central, encima del cornisamento y en arco triunfar.
Se le atribuye la introducción del triple canto del Sanctus en la Misa y dos cartas en las que se trata la doctrina de la Santísima Trinidad.
Fue un Papa bondadoso, levantando la excomunión a un sacerdote llamado Baso, que por venganza acusó a san Sixto ante el emperador de haber cometido horribles delitos.
45º Papa.- San León I Magno. Conquistó el título de Magno (Grande) con el que le honra la historia por la energía que empleó en la tarea de mantener la unidad de la Iglesia; por sus escritos y su ingente labor teológica, está considerado como uno de los Padres de la Iglesia, por la ejemplaridad de su vida la Iglesia le distingue con el título de Santo.
En el Concilio de Calcedonia- año 451- san León proclamó la divinidad y humanidad de Cristo con estas palabras: <<Consustancial al Padre por su divinidad, y consustancial a nosotros por su humanidad>>. Lo que hizo exclamar a los obispos presentes: <<Pedro ha hablado a través de León>>.
Definió también el misterio de la encarnación de Cristo, proclamó los Concilios Ecuménicos lV y V, y combatió el maniqueísmo en África, el pelagianismo en Aquilea y el priscilianismo en España.
46º Papa.-San Hilario, fue un seguidor nato de san León I Magno, y por tal motivo convocó un sínodo en Roma, porque se enteró de que Silvano, obispo de Calahorra, había efectuado ordenaciones episcopales ilegítimos, que el obispo de Barcelona, Nundinario, había designado heredero de su sede a Ireneo, a quién ya había hecho obispo de otra sede, y que un Sínodo celebrado en Tarragona había aceptado la voluntad de Nundinario a la muerte de éste. Estableciendo un vicariato.
En Roma el Sínodo se celebró el 19 de noviembre de 465 en la basílica de Santa María la Mayor, y que ha resultado ser, con el tiempo, el más antiguo, pues se guardan la totalidad de los registros; tras el Sínodo, san Hilario envió una epístola a los obispos de Tarragona declarando nula toda consagración que no fuese sancionada por el metropolitano Ascanio; prohibiendo que ningún obispo se trasladase de una diócesis a otra y, en consecuencia, que Ireneo regresara a su sede y fuese elegido otro obispo para Barcelona; que sólo fuesen reconocidos como tales, de los obispos consagrados por Silvano, aquellos que hubiesen ocupado sedes vacantes en el momento de hacerlo y cumpliesen el resto de los requisitos de la Iglesia, a los que añadió que era necesario una profunda cultura para ser sacerdotes, y ni pontífices ni obispos pudieran designar a sus sucesores.
Además, el papa san Hilario, mandó erigir varias iglesias y oratorios en Roma, con los que, en Letrán, dedicó a san Juan Bautista y al apóstol san Juan, a cuya intercesión atribuía san Hilario haber podido huir de los ataques a que fue sometido tras la celebración del <<Concilio de los ladrones>> en Éfeso.


Apuntes de interés:
<< Concilio de los ladrones>> el segundo de los que se celebraron en Éfeso, en el que el patriarca de Alejandría, Dióscoro, usando la violencia armada, consiguió que el monofisismo fuese adoptado por la Iglesia Oriental.
El monofisismo sostenía que Jesucristo carecía de naturaleza humana, pues sólo tenía la divina. El II Concilio de Calcedonia refutó y condenó ese <<Concilio de los ladrones>> y el monofisismo que allí se había defendido, y dio origen al primer cisma importante en la Iglesia, ya que las Iglesias Orientales, que lo rechazaron, dieron origen a las Iglesias separadas armenia, copta y jacobita.
47º Papa.- San Simplicio (468-483).
48º Papa.- San Félix II (III), siguiendo la política de sus predecesores, aumentó el patrimonio de la Iglesia e hizo levantar varias Iglesias y Oratorios Sagrados, al tiempo que sentó las bases del que posteriormente sería Estado Vaticano.
49º Papa.- San Gelasio I, fue famoso en todo el mundo por su sabiduría y santidad de vida, pese a lo cual era tanta su caridad que ha pasado a la historia como <<el padre de los pobres>>. Se le tiene como el más prolífico escritor entre los pontífices de los primeros cinco siglos.
San Gelasio repitió siempre:
<<Roma no debe su principado eclesiástico a ningún sínodo ecuménico ni a su importancia temporal, sino a
 Cristo mismo, quien confirió a Pedro esa supremacía sobre la Iglesia universal>>.
Decretó que la Sagrada Eucaristía se efectuase bajo las dos especies: el pan y el vino. Dispuso también que las ordenaciones sacerdotales se efectuasen en días especiales, y que los ingresos de la Iglesia se dividiesen en cuatro partes: para los pobres, mantenimiento de las iglesias y el servicio divino, para que de ella dispusiese el obispo del lugar y para sostenimiento del clero menor. 
Se debe a san Gelasio la introducción en la misa del Kyrie eleison («Señor, ten piedad»).
50º Papa.- Anastasio II, como acontecimiento más importante ocurrido durante su pontificado, fue la conversión al cristianismo del rey de los francos, Clodoveo, lo que hizo que este pueblo fuera el primero de los germánicos que se convirtió al cristianismo.
Fue el primero de los papas que no ha sido elevado a los altares por la Iglesia. 
51º Papa.- San Símaco convocó un concilio en Roma al que asistieron sesenta y tres obispos y setenta y siete presbíteros, en el que se aprobó la excomunión de quienes actuasen de cualquier forma para nombrar a un Papa mientras hubiese uno en la sede de san Pedro, y que fuese tenido siempre por legítimo el que alcanzase un mayor número de votos entre el clero romano a la muerte del sumo pontífice a que había de suceder. Tras los obispos presentes, el arcipreste Lorenzo fue el primero en suscribir estos decretos, y el Papa le nombró obispo de Nocera.
Pero Fasto –patricio romano-, atendiendo los deseos del emperador de Constantinopla, convenció a Lorenzo para reiniciar el cisma provocado con la doble elección papal. Interviniendo el rey Teodorico mandó que se celebrase un sínodo en Roma, a lo que san Símaco replicó que sólo el Papa podía convocarlo, pero que, por su propia voluntad, lo haría.  
En septiembre del 501 tuvo lugar en Roma el sínodo ordenado por Teodorico y convocado por san Símaco, en él se declaró inocente al Papa de cuantas acusaciones se le imputaban y dictando distintas condenas contra los cismáticos, pero dejando a todos un fácil camino de perdón: el reconocimiento de su error. Llegada la noticia de este breve cisma y las resoluciones del Sínodo a todas las Iglesias de la cristiandad, san Avito, obispo de Viena, escribió: <<… no es fácil concebir cómo un superior puede ser juzgado por sus inferiores, especialmente cuando se trata de la cabeza de la Iglesia>>.
San Símaco consolidó los bienes de la Iglesia a los que consideró debían permanecer en beneficio de los clérigos; sostuvo con ayudas espirituales, económicas y en especie a los obispos africanos que el rey Trasimundo había desterrado a Cerdeña; concedió la libertad a todos los esclavos que aún lo eran de la Iglesia, y se le atribuye la primera construcción del palacio Vaticano.
52º Papa.- San Hormisdas, llegado al pontificado cuando la Iglesia estaba sumida en el <<cisma acaciano>>, correspondió a san Hormisdas la dicha de cerrar dicho cisma mediante la llamada <<fórmula de Hormisdas>>, documento al que se refiere aún el Concilio Vaticano I como prueba de la autoridad del Papa en los seis primeros siglos de la Iglesia. Dicha fórmula contenía la siguiente frase: … la Santa Sede Apostólica ha conservado siempre sin tacha la religión Católica….
San Hormisdas alcanzó a ver concluida la persecución de los vándalos a la Iglesia de África; a la fundación de la orden de los benedictinos por san Benito de Nursia, y al levantamiento de la célebre Abadía de Montecassino, destruida en 1944.
En el orden disciplinario eclesiástico, dispuso que los obispos fuesen otorgados y no establecidos por privilegios o donaciones.
53º Papa.- San Juan I (523-526)
54º Papa.- San Félix III (IV). En la disciplina eclesiástica ordenó que no fuesen ordenados sacerdotes aquellos aspirantes a serlo que no dieran muestras de una verdadera vocación.
55º Papa.- Bonifacio II, fue el primer Papa de sangre germánica.
56º Papa.- Juan II, se llamaba Mercurio, y fue el primer Papa que cambió su nombre de bautismo por uno elegido para su pontificado.
57º Papa.- San Agapito I (535-536).
Apuntes de interés:
A la venta o compra de bienes espirituales de la Iglesia se la denomina “Simonía”, en alusión al hechicero
Bíblico Simón el Mago, quién intentó que el apóstol san Pedro le vendiese poderes espirituales.
Simón el Mago, precursor de los valentinianos, predicó en Samaria alrededor del año 40, y ganó un gran número de adeptos practicando la magia y afirmando de sí mismo que tenía un gran poder, << el poder mismo de Dios, el que llaman el Grande>>. Sus seguidores, magos profesionales, llevaban pendientes y en el cuello hilos de color morado y rosáceo en señal de su pacto con el diablo.
58º Papa.- San Silverio, era hijo del Papa san Hormisdas, y fue nombrado pese a que ni siquiera había alcanzado el diaconado. Fue uno de los más grandes sucesores de Pedro, en aquellos primeros siglos de la Iglesia.
59º Papa.- Vigilio, una vez elegido papa, mantuvo una postura indefinida y oscilante ante la herejía monofisita, por lo que se ganó por igual la enemistad de la emperatriz Teodora y de los obispos ortodoxos, originando la que fue denominada <<controversia de los tres capítulos>>.
Fue detenido por Teodora y su esposo Justiniano I y fue conducido a la fuerza a Constantinopla; el propio emperador le conminó a que levantara la condena a la doctrina eutiquiana y Vigilio, en su debilidad, lo hizo, aprobando lo acordado en el ll Concilio de Constantinopla, quinto de los ecuménicos, celebrado en el año 553 y convocado por el emperador, al que asistieron tan solo los obispos orientales y seis obispos Africanos, con el patriarca de Constantinopla, Eutiquiano, como presidente.
Aunque inicialmente el Papa se había negado a condenar la declaración de anatema conocida como <<controversia de los tres capítulos>> -una declaración de anatema sobre los escritos de Teodoro de Mopsuestia, Ibas de Edesa, san Cirilo de Alejandría y el Concilio de Éfeso-, por lo que se enfrentó al emperador y fue hecho prisionero en Roma el 25 de enero del 547, posteriormente, el once de abril del 548, Vigilio condenó <<los tres capítulos>>, con lo que originó un grave descontento entre los cristianos occidentales. Consciente de ello, el Papa quiso mediar entre los obispos occidentales, el emperador Justiniano y los obispos orientales. Nada consiguió: el emperador publicó, el año 551, el edicto Homología tes pisteos en el que se condena de nuevo <<los tres capítulos>>.
Indignado por la actitud del emperador, el Papa se refugió en la Iglesia de santa Eufemia, en Calcedonia, y desde de allí informó al mundo cristiano de lo ocurrido.
Los obispos orientales, para reconciliarse con él, le invitaron a regresar a Constantinopla, retiraron su oposición a <<los tres capítulos>> y pidieron la celebración de un nuevo concilio ecuménico bajo la presidencia del Papa, a lo que éste accedió con la condición de que se celebrase en Italia o Sicilia para que pudieran asistir los obispos de Occidente. Se negó Justiniano; el Papa propuso entonces una comisión con igual número de delegados de Oriente y de Occidente, y volvió a oponerse a ello Justiniano, quien directamente abrió el concilio bajo su propia autoridad.
El Papa se negó a participar y expresó su deseo de dar un juicio independiente sobre las materias propuestas, pero, tras ocho sesiones, el concilio condenó <<los tres capítulos>> en forma similar a como lo había hecho Justiniano, pese a la oposición del Papa y otros dieciséis obispos, lo que hizo que, en la séptima sesión, Justiniano hiciese que fuese borrado el nombre de Vigilio de los dípticos en que figuraban los nombres de los obispos, respetándole su condición de sumo pontífice y permitiéndole regresar a Roma si Vigilio aceptaba lo acordado en el concilio, lo que finalmente hizo aduciendo para ello razones de oportunidad y conveniencia general. En todo caso, como se han perdido las actas de dicho concilio, aunque no una versión latina de las mismas de improbable exactitud, es difícil conocer con precisión lo que en él ocurrió y se aprobó.
En agradecimiento a ello, Justiniano l dictó la llamada <<pragmática sanción>>, que asociaba al Papa al gobierno bizantino en Italia y se reconocía a los obispos poderes judiciales y civiles, pero su acatamiento a Justiniano llevó a los obispos ortodoxos del norte de Italia y a su propio nuncio, Pelagio, a separarse de su obediencia, en cisma que se prolongaría hasta el año 610.
60º Papa.-Pelagio I, Pelayo en castellano, fue excomulgado por el papa Vigilio, porque este cedió a las presiones del emperador Justiniano I y aceptó lo acordado en el II Concilio de Constantinopla del año 553, Pelayo, a la cabeza del clero occidental, se enfrentó al Papa –en uno de los actos que desencadenó la  <<controversia de los tres capítulos>>, que marcó el pontificado del papa Vigilio-, y en desobediencia que dio origen a la separación de la Iglesia de Roma de diócesis como las de Milán y Ravena.

 Apuntes de interés:
El  Concilio de Calcedonia, cuarto de los concilios ecuménicos de la Iglesia y en el que participaron seiscientos obispos, fue convocado en el año 451 por el emperador de Oriente, Marciano, a instancias del papa san León I, para rebatir lo aprobado en el llamado <<latrocinio de Éfeso>>.
En el Concilio de Calcedonia se proclamó la divinidad y humanidad de Cristo, se definió el misterio de la encarnación de Cristo y se condenó el eutiquianismo, el monofisismo y el docetismo, y se prohibió una forma concreta de simonía: la compra de la ordenación sacerdotal.
61º Papa.- Juan III, su logro más importante fue el acabar con el cisma iniciado durante el pontificado del papa Vigilio, restableciendo la comunión de Roma con las Iglesias de Milán, Ravena y las africanas, que habían adoptado su misma postura frente al papa Vigilio.

62º Papa.- Benedicto I (575-579).

BREVE HISTORIA DE LOS PAPAS MÁS RELEVANTES. Hasta el año 417. 40º Papa San Inocencio

16º Papa.-San Calixto I, quien fue considerado herético- por el primer antipapa san Hipólito- por admitir a un pecador cuando hacía penitencia y dejaba sus maldades.
17º Papa.- San Urbano I (222-230).
18º Papa.- San Ponciano, que ordenó el canto de los salmos en las Iglesias, mandó el Confiteor- “El yo pecador” o “yo confieso”-, antes del Santo Sacrificio(al tiempo que lo recomendaba a los moribundos) e inició la práctica de que el celebrante se dirigiese a los fieles en determinados momentos del Santo Sacrificio con el Domínus vobiscum (El Señor esté con vosotros) que, traducido hoy a las lenguas de cada pueblo, sigue en uso.
19º Papa.- San Antero (235)
20º Papa.- San Fabián, que fue elegido Papa siendo seglar. Contando san Eufrasio el suceso milagroso que aconteció para este particular. Prohibió el matrimonio entre parientes hasta el quinto grado.
21º Papa.- San Cornelio, que se vio acompañado por el segundo antipapa de la historia, Novaciano de nombre.
22º Papa.- San Lucio I, quien figura como mártir sin haber muerto como tal, sino por el destierro sufrido.
Tomó dos decisiones por las cuales se le recuerda: 1ª la de prohibir que cohabitasen hombres y mujeres que no fuesen consanguíneos (Que tiene parentesco de consanguinidad con otra). 2ª la de declarar ilícito que los eclesiásticos conviviesen con las diaconisas, aunque estas los recogiesen por razones de caridad.
23º Papa.- San Esteban I (254-257).
24º Papa.- San Sixto II, Griego (257-258).
25º Papa.- San Dionisio (259-268).
26º Papa.- San Félix l, se opuso totalmente a los herejes que hicieron mucho daño a la Iglesia en aquellos años- 269 al 274- y que eran Paulo de Samosata (sirio) y Manes (persa) fundador y líder de los maniqueos (los que admiten que hay dos principios creadores, uno para el bien y otro para el mal). San Félix se opuso a ellos escribiendo una maravillosa epístola dirigida a Máximo, Obispo de Alejandría, confirmando Divinidad y  Humanidad del Hijo de Dios y su doble naturaleza en una sola persona, con lo que desmentía los errores de Paulo de Samosata y de Sabelio. San Cirilo Alejandrino se valió de esta epístola, que se cita en las actas del Concilio Calcedonense, en su lucha contra los herejes, así como de otra en que refuta a Paulo de Samosata defendiendo el dogma de la Santísima Trinidad, la existencia de un solo Dios en tres personas.
Ordenó que nadie celebrase el Santo Oficio sino los sacerdotes y que la misa no se pudiese decir fuera del Templo, salvo por causa de grandísima necesidad. Y decretó que se celebrasen misas en memoria de los mártires.
27º Papa.- San Eutiquiano (275-283).
28º Papa.- San Cayo (283-296).
29º Papa.- San Marcelino. Ya san Cayo decretó en una homilía, en casa de Cromacio, dirigida a los feligreses que allí había y les dijo:<<Dios Nuestro Señor, conociendo la debilidad humana, ha establecido dos grados entre los que creen en Él: La confesión y el martirio, para que los que no se crean con fuerzas para poder sufrir los rigores de los tormentos al menos conserven la gracia para su confesión. Así pues-continuó- los que prefieran permanecer en casa de Cromacio queden aquí con Tiburcio, y los que quieran venir conmigo a la ciudad, ¡síganme!>>.
No pasando más de 21 años, san Marcelino, fue acusado de excesiva benignidad con quienes habían caído en la idolatría por miedo al martirio , y atribuyéndole los más injustos pecados, como el de haber ofrecido él mismo incienso a los ídolos. Nada más lejos de la realidad, cuando él mismo fue mártir, decapitado por mandato de Diocleciano que aquellos años- sobre el 303- decretó que se emplease todo género de medios para exterminar a la “secta cristiana", en menos de un mes alcanzaron la palma del martirio diecisiete mil Santos. Pero san Marcelino no se amilanó y confesó la Divinidad de Jesucristo y la locura del paganismo con tal vehemencia que después de decapitado el emperador mandó que su cuerpo estuviera más de un mes en la plaza y de que no se le sepultara, hasta que una noche el presbítero Marcelo lo tomó y enterró en el cementerio de santa Priscila.
30º Papa.- San Marcelo l, distribuyó la diócesis de Roma en veinticinco barrios, o parroquias. Al mismo tiempo abrió las puertas de la reconciliación- no sin exigir la debida penitencia- a quienes, más débiles que apóstatas, se habían separado de la Iglesia en los días amargos y buscaban ahora el abrazo del perdón: los “lapsi”.
31º Papa.- San Eusebio (309).
32º Papa.- San Melquíades, nacido en Madrid y muriendo de muerte natural, los martirologios antiguos le consideran mártir.
33º Papa.-San Silvestre l, convocó-en el año 325- el primer Concilio Ecuménico de la historia, en Nicea, y se redactó el llamado <<Credo de Nicea>>.
34º Papa.- San Marcos (336).
35º Papa.- San Julio l. Fijó para la Iglesia de Oriente la solemnidad de Navidad el 25 de diciembre en vez del 6 de enero.
36º Papa.- San Liberio (352-366).
37º Papa.- San Dámaso l, hijo de un matrimonio español. Ordenó que la lengua latina fuese adoptada como idioma litúrgico de la Iglesia en sustitución del griego, para acercarla más al pueblo, introdujo en los Sagrados Oficios el uso de la palabra hebraica <<Aleluya>>, y se dice que fue autor de la oración <<Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, como era en un principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén>>. 
Hizo traducir del hebreo las Sagradas Escrituras, ordenando una nueva versión latina del Nuevo Testamento para corregir algunos errores detectados por san Jerónimo, dando así origen a la Biblia que la Iglesia latina adoptó más tarde para su uso, la llamada Vulgata; convocó un concilio en Roma, en el año 370, para devolver a la fe a los caídos en el arrianismo, lo que le valió la pública gratitud de san Atanasio, patriarca de Alejandría, y otro concilio allí celebrado poco después, y dispuso un nuevo concilio en Roma, con casi un centenar de obispos de distintos países, en el año 373. Sin duda por ello, san Optato, obispo de Milevi, publicó una obra monumental contra los cismáticos en la que dice de san Dámaso <<… el cual es hoy nuestro hermano con quien todo el mundo mantiene comunión, así como nosotros por medio de las epístolas>>.
Murió a los ochenta años, el 11 de diciembre del 384; tras su muerte, y en su nombre, fueron muchos los milagros que atestiguaron lo caro que le había sido al Señor. San Dámaso redactó su propio epitafio: <<Yo, Dámaso, hubiera querido ser sepultado junto a las tumbas de los Santos, pero tuve miedo de ofender su santo recuerdo. Espero que Jesucristo, que resucitó a Lázaro, me resucite también a mí en el último día>>.
Construyó entre los cementerios de san Calixto y santa Domitilla, una pequeña Iglesia, una <<Basílica>>, en la que se dice que fueron enterrados san Dámaso, su madre y su hermana.
38º Papa.- San Siricio, fue el primer obispo de Roma que adoptó como propio de su dignidad el nombre de Papa, para unos porque significa <<Padre>>- en griego- y, para otros, como anagrama de la frase <<Petri- Apostoli- Potestatem- Accipens>> "El que recibe la Potestad del Apóstol Pedro".
San  Siricio prescribió el celibato a sacerdotes y diáconos; decretó que sólo los obispos pudiesen ordenar a los sacerdotes y dispuso que los monjes también pudieran ser obispos.       
39º Papa.- San Anastasio l. Ordenó que los sacerdotes permaneciesen de pie durante el Evangelio.

40º Papa.- San Inocencio I (401-417).

lunes, 21 de abril de 2014

BREVE HISTORIA DE LOS PAPAS MÁS RELEVANTES. Hasta el año 217

BREVE HISTORIA DE LOS PAPAS MÁS RELEVANTES
Nuestro primer y gran Papa fue san Pedro, nombrado directamente por el mismo Cristo nuestro Señor. Después hemos tenido 264 papas más, sin contar el que tenemos en la actualidad, S.S. Francisco.
Esta historia está llena de grandes curiosidades y anécdotas que todos debemos conocer, para un mayor conocimiento de nuestra Religión única y verdadera, fundada por la segunda persona de la Santísima Trinidad y con más de veinte siglos de historia. Hay de todo, hasta Santos y con esto último es con lo que debemos quedarnos e intentar imitarles.
He escogido los pontífices más relevantes en todos los sentidos, los demás o hay poco que contar (por su poca trayectoria) o por su pobreza misionera. No debemos olvidar que estos son los máximos representantes de Jesús en la tierra y por eso son Santos Padres.
Bueno sin más preámbulos vamos a conocer, un poquito más, de la gran historia de nuestros Papas.

2º Papa.- San Lino, nombró a quince obispos para que administrasen los Sacramentos, cuidasen de los pobres y administrasen varias comunidades cristianas, con la ayuda de presbíteros y diáconos. Fue el que impuso que las mujeres entrasen en el templo con la cabeza cubierta. Imposición que duró 1900 años.
3º Papa.- San Cleto, Anacleto (76-88).
4º Papa.- San Clemente I (88-97).
5º Papa.- San Evaristo. Dispuso que el obispo fuese asistido por siete diáconos cuando predicase, para mejor honrar la palabra de Dios y mostrar un mayor respeto a la dignidad episcopal, y en esos siete diáconos se ha visto un precedente del actual Colegio Cardenalicio.
6º Papa.- San Alejandro I, se le atribuye la institución del uso del agua bendita- a la que indica que se debe añadir sal- en la entrada de las Iglesias, Oratorios Sagrados y en las casas de los cristianos, la disposición de que la Sagrada Forma fuera elaborada con pan ácimo, y que, en la Consagración del Cáliz, se mezclase un poco de agua con el vino, tanto para seguir la costumbre romana de la época como para significar la unión de Cristo con su Iglesia. Ordenó también que ningún clérigo pudiese decir más de una misa cada día, con las excepciones y correcciones que a este decreto fijaron pontífices posteriores, y decretó la excomunión contra aquellos que impidiesen a los legados apostólicos hacer lo que el sumo pontífice le hubiese mandado.
7º Papa.- San Sixto l, dio instrucciones a las Iglesias de la cristiandad de que el paño que acompaña al Cáliz fuese de lino, que el Cáliz y otros paramentos Sagrados fuesen tocados tan solo por los sacerdotes y que se entonasen el Trisagio (Himno en honor de la Santísima Trinidad, en el cual se repite tres veces la palabra Santo) antes de iniciarse la Misa.
8º Papa.- San Telesforo, griego. Se le atribuye la tradición de la institución de la misa del Gallo, la autorización para que los sacerdotes pudiesen decir tres misas en esa noche, el canto, en la misa de Navidad, del Gloria in Excelsis Deo, que él mismo había compuesto, la implantación del ayuno y abstinencia de carnes durante la Cuaresma y que durante el Sacrificio litúrgico, se diese lectura al Canon, al Evangelio.
9º Papa.- San Higinio. Dispuso que en el bautismo, fuese uno el padrino o madrina y que ese mismo padrino o madrina lo fuese de la Confirmación.
10º Papa.- San Pio l. Se le atribuye haber fijado la fecha de la celebración de la Pascua de Resurrección el domingo posterior al plenilunio de marzo.
11º Papa.- San Aniceto (155-166).
12º Papa.- San Sotero. Confirmó que el matrimonio es un Sacramento sin valor sino es bendecido por un sacerdote, prohibió a las monjas tocar los vasos y los corporales, y suministrar el incienso en el Oficio Divino.
13º Papa.- San Eleuterio (175-189)
14º Papa.- San Víctor I, que fue africano.

15º Papa.- San Ceferino (199-217) 

sábado, 22 de marzo de 2014

¿Hijo pródigo o Padre amoroso?

¿Hijo pródigo o Padre amoroso?
Se comenta mucho la parábola del hijo pródigo o Padre amoroso; las dos definiciones son correctas aunque de siempre se ha conocido como la del “hijo pródigo” ¿Qué pasa? ¿Por qué tanto empeño en la del “Padre amoroso”? Dios nuestro Señor, siempre nos perdona, pero claro está, siempre que le pedimos perdón mediante el acto de penitencia; igual que en la definición del “hijo pródigo” que antes de que llegara el hijo, el Padre ya lo estaba esperando con los brazos abiertos. Dios siempre nos espera con los brazos abiertos, otra cosa es que nosotros vayamos a su encuentro y le pidamos perdón, cosa que si no hacemos y seguimos empeñados en nuestros propósitos, somos nosotros mismos los que nos separamos de Él, Dios no nos castiga, son nuestras obras las que nos separan de la Santísima Trinidad, del Decálogo. Dios no es castigador, no es vengador. Definiciones que de siempre se le han dado con aquella frase de: “Dios es remunerador” que premia a los buenos y castiga a los malos.
Ahora nos dicen que hay dudas sobre el infierno eterno, porque Dios es todo amor, es el Padre amoroso, olvidándose del contexto real de la parábola. Bajo mi punto de vista todo esto es muy peligroso, porque me recuerda a un principio que nos dijeron en una de las clases: ¡el diablo se regocija de que pensemos que no existe, pues así obra a sus anchas! Esto es muy peligroso, el pensar que todos, sin excepción, vamos al Paraíso. Dios Padre nos hizo libres para hacer y deshacer a nuestro antojo, pero siempre desde la perspectiva de la responsabilidad. Yahvé, nos llama de múltiples maneras, nos toca al corazón de muchas formas con tropiezos en nuestras vidas u otros actos que nos deberían de dar por reflexionar y coger el camino que nos dicta el corazón; lo que pasa es que no se le hace caso, porque, muchos, viven mejor sin Él y caminan, no por el camino que ellos quieren, si no por el de las masas, por los caminos mundanos de: “yo tengo derecho a todo”, el placer, la lujuria, el desenfreno, la envidia, el egoísmo, la intolerancia, la gula… todo esto por supuesto que lo perdona el Señor, pero nunca sin que nosotros vayamos corriendo a su encuentro, con lágrimas en los ojos y el corazón roto por haber quebrantado el pacto que tenemos hecho con Él en nuestro Bautismo. Sólo entonces es cuando las dos definiciones de dicha parábola son efectivas, porque nosotros, con nuestro arrepentimiento, nos hacemos hijos pródigos y Él siempre, es el Padre amoroso.
Observemos lo que nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica:
212. ¿En qué consiste el infierno?
Consiste en la condenación eterna de todos aquellos que mueren, por libre elección, en pecado mortal. La pena principal del infierno consiste en la separación eterna de Dios, en quien únicamente encuentra el hombre la vida y la felicidad para las que ha sido creado y a las que aspira. Cristo mismo expresa esta realidad con las palabras «Alejaos de mí, malditos al fuego eterno» (Mt 25, 41).

213. ¿Cómo se concilia la existencia del infierno con la infinita bondad de Dios?
Dios quiere que «todos lleguen a la conversión» (2 P 3, 9), pero, habiendo creado al hombre libre y responsable, respeta sus decisiones. Por tanto, es el hombre mismo quien, con plena autonomía, se excluye voluntariamente de la comunión con Dios si, en el momento de la propia muerte, persiste en el pecado mortal, rechazando el amor misericordioso de Dios.

Queda bien clara la misericordia de Dios, no hay lugar a dudas. El infierno no lo hizo Dios, Jesús en la Santa Cena dijo: Mientras comían, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: "Tomad, esto es mi Cuerpo". Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, y todos bebieron de ella. Y les dijo: "Esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos. Marcos 14, 22-24.
San Marcos, no dice que la sangre de Cristo se derramara por todos, no, dijo: “por muchos”. San Mateo 26, 26-29, viene a decir lo mismo. Todos estamos llamados al Reino de Dios por ser hijos suyos, pero sólo estará en el Paraíso, en el Edén, toda persona que cumpla con los diez Mandamientos de la ley de Dios, o que en su últimos minutos de vida se arrepienta de sus pecados; esto es posible gracias a la misericordia de Yahvé. Recordemos la parábola de los obreros de la última hora: Porque el Reino de los Cielos se parece a un propietario que salió muy de madrugada a contratar obreros para trabajar en su viña.
Trató con ellos un denario por día y los envió a su viña.
Volvió a salir a media mañana y, al ver a otros desocupados en la plaza, les dijo: "Vayan ustedes también a mi viña y les pagaré lo que sea justo". Y ellos fueron. Volvió a salir al mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. Al caer la tarde salió de nuevo y, encontrando todavía a otros, les dijo: "¿Cómo se han quedado todo el día aquí, sin hacer nada?". Ellos le respondieron: "Nadie nos ha contratado". Entonces les dijo: "Vayan también ustedes a mi viña". Al terminar el día, el propietario llamó a su mayordomo y le dijo: "Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando por los últimos y terminando por los primeros". Fueron entonces los que habían llegado al caer la tarde y recibieron cada uno un denario. Llegaron después los primeros, creyendo que iban a recibir algo más, pero recibieron igualmente un denario. Y al recibirlo, protestaban contra el propietario, diciendo: "Estos últimos trabajaron nada más que una hora, y tú les das lo mismo que a nosotros, que hemos soportado el peso del trabajo y el calor durante toda la jornada". El propietario respondió a uno de ellos: "Amigo, no soy injusto contigo, ¿acaso no habíamos tratado en un denario? Toma lo que es tuyo y vete. Quiero dar a este que llega último lo mismo que a ti. ¿No tengo derecho a disponer de mis bienes como me parece? ¿Por qué tomas a mal que yo sea bueno?". Así, los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos". Mateo 20; 1-16.


Existe el Cielo, el Purgatorio y el infierno. Son muy pocos los que van directamente al Cielo, la inmensa mayoría van al Purgatorio y de allí al Cielo, después de acrisolar todos sus pecados y convertirse en perfectos como nuestro Padre Celestial. Los que van al infierno no salen de este lugar nunca, es eterno.

domingo, 9 de marzo de 2014

Origen de la vocación de san Pablo

Origen de la vocación. 
Al hablar de su vocación, Pablo la hace remontar mucho antes del acontecimiento que se produjo en el camino de Damasco. Afirma que "Dios lo había llamado por su gracia, desde el seno materno" (Gal I-15). Al origen de su existencia, aún antes de su nacimiento, Pablo había sido señalado por la vocación. Dios se lo había apartado o lo había escogido, es decir que había separado a Pablo de los demás hombres y del mundo, para tomar posesión de su vida, reservándoselo para sí. Lo había llamado por su gracia, es decir que por un favor enteramente gratuito, había decidido hacerle oír su llamamiento. En este sentido fue predestinado a la vocación. 
La infancia, la juventud de Saulo y aún su actitud de perseguidor, estaban en realidad impregnados y ordenados por esta predestinación: toda su vida estaba orientada, sin darse cuenta, hacia el momento en que la vocación se iba a revelar. 
Encuentro con Cristo vivo. 
Iba a llegar Saulo al término de su viaje, cuando queda cegado por la luz de Cristo y echado por tierra. No ve el rostro de Jesús pero oye su voz: "¡Saulo, Saulo! ¿Por qué me persigues? Yo soy Jesús a quien tú persigues". 
Saulo creía que Jesús estaba muerto, bien muerto y que su lamentable fin sobre la cruz era la señal de la reprobación de Dios para su obra. Cuando he aquí que de pronto se da cuenta de la potencia triunfadora de este Jesús que le prueba que está vivo, puesto que lo detiene y lo tira por tierra. Saulo encuentra a Cristo glorioso, a un Cristo rodeado de luz sobrenatural. 
En toda vocación, desde ahora, el llamamiento procede de Cristo resucitado. La fuerza divina de la resurrección está comprometida en el llamamiento; por este motivo la vocación es un misterio de vida nueva, un misterio de gozo, felicidad y alegría. 
Llamado de Cristo. 
Jesús se aparece a Saulo identificado con su Iglesia, puesto que se proclama perseguido. La persecución contra los cristianos alcanza personalmente a Cristo. 
Desde luego Jesús detiene e interpela a Saulo en el camino de Damasco como jefe de su Iglesia. El autor del llamado es Cristo en su Iglesia. Se puede decir que con Jesús está toda la Iglesia dirigiéndose a Saulo para llamarlo y para provocar la transfiguración de perseguidor en apóstol. 
Por este motivo la Iglesia tiene parte en la vocación: cuando Cristo llama lo hace por y para la Iglesia, y en nombre de la Iglesia. El llamamiento es por demás un servicio voluntario en la Iglesia y por la Iglesia: apego a Cristo y servicio de la Iglesia son una sola y misma cosa. 


Respuesta de Saulo. 
“Señor” ¿qué quieres que haga? (Hechos 20, 10). Es notable la docilidad de Saulo al llamamiento de Dios. Venía a Damasco con voluntad firme de perseguir a los cristianos violentamente y he aquí que deja todo lo que quería hacer y no busca ya más que conocer la voluntad de Jesús. Se ofrece con una disponibilidad sin límites. Su generosidad al servicio de Cristo. 
Saulo es el modelo de la aceptación de la vocación. Para él, el llamado echaba por tierra su vida y sus convicciones. Pero este llamado fue recibido por un alma grandemente abierta. 
Misión que da Dios a Pablo. 
"Este hombre, dijo el Señor a Ananías, es para mí un instrumento de elección para llevar mi nombre delante de todas las naciones, de los reyes y de los hijos de Israel". Del primer perseguidor, Cristo quiere hacer el mayor apóstol de la Iglesia primitiva, el que llevará a cabo el más extenso trabajo de evangelización entre las naciones paganas. 
El pasado de Saulo no será un obstáculo para esta misión; de perseguidor que fue ahora será mucho más ardiente para proclamar y extender la fe en Cristo. Pudiera suceder que ciertas personas, llamadas por el Señor para una misión apostólica importante, hayan tenido un pasado aparentemente poco de acuerdo para esta misión. Pero este pasado no es para ellas un obstáculo, porque la vocación opera una renovación del alma, pone fin a un período de la existencia e inaugura un nuevo destino. 
Llamado al sacrificio. 
Cristo declara aún: "Yo mismo le haré ver todo lo que tendrá que sufrir por mi nombre". La vocación confiere a Saulo la eminente dignidad de apóstol, pero lo destina al mismo tiempo al sufrimiento. Una misión apostólica no puede cumplirse sin sacrificio, y Pablo tendrá que experimentarlo. 
La vocación, llamamiento para seguir a Cristo, es siempre un llamado a unirse a su sacrificio, compartir su Pasión para cooperar a la salvación del mundo. A los que llama especialmente para ser sus apóstoles y testigos, Jesús les muestra todo lo que tendrán que sufrir por su nombre, por amor de Él. 
Efusión del Espíritu Santo. 
Para que Pablo pudiera realizar lo que le pide el Señor, deberá recibir la luz y la fortaleza de lo alto, "ser lleno del Espíritu Santo". Como en él, conversión y vocación coinciden; la gracia que necesita le es dada por el bautismo. 
El llamado de la vocación no toca solamente el exterior del alma: para penetrar en una personalidad, en una vida humana y para moderarla según su nuevo destino, es acompañada de una efusión del Espíritu Santo. El alma es transformada por el Espíritu Santo y se vuelve apta para realizar todas las exigencias de la vocación, para cumplir la misión confiada por el Señor. 

Bautismo y vocación. 
En el caso de Saulo aparece más vivamente el estrecho lazo que existe entre bautismo y vocación. Por el bautismo Dios se adueña de una alma para llenarla de su vida divina; por la vocación quiere adueñarse de ella mucho más, llevando hasta lo máximo esta posesión. 

El bautismo inauguró la vida de Pablo "en Cristo", vida de fe y de amor. En virtud de la vocación Pablo se entregó totalmente a Cristo que entraba en su alma; se puso a vivir únicamente por Él: la fe y la caridad alcanzaron su más grande dimensión en la total consagración a su misión apostólica.

El Maronismo



EL MARONISMO
La Iglesia Maronita pertenece al rito Siriaco-Arameo que ha heredado y guardado las tradiciones de las primitivas comunidades cristianas de Jerusalén y Antioquía.
Los maronitas se sienten orgullosos de pertenecer al Patriarcado de Antioquía, cuyo rito y liturgia datan de la época de los Apóstoles.
Desde que los Apóstoles pasaron por Líbano en su camino a Jerusalén, desde Antioquía y de regreso, fundaron la primera iglesia en Líbano. Se dice, que El Apóstol Pedro, en persona, participó en la cristianización del pueblo libanés. Desde entonces, se mantienen fieles a la primera predicación, incluso, en las campañas de persecución, que se remontan al tiempo de los romanos.
El nombre de "Maronitas", tiene su origen en el siglo IV, en el que vivió un famoso monje ermitaño llamado Marón, cuyos discípulos fueron grandes defensores de la ortodoxia cristiana, y conocidos también, por su virtud y sabiduría.
Para escapar de las continuas persecuciones y opresión de los enemigos de la fe: paganos provenientes del Imperio Romano, tiempo después, de la dominación Árabe y del Imperio Turco-Otomano. Los monjes, y numerosos cristianos se refugiaron en Líbano, ocupando desde aquel entonces las inaccesibles montañas, que con el tiempo llegaron a ser fecundas tierras de labor, y vergeles llenos de árboles frutales y vides, todo, fruto del trabajo organizado y duro.
Es indudable, que la nueva patria moldeó y pulió su personalidad y carácter, convirtiéndolos en heraldos de la paz y la convivencia fraterna, entre los pueblos de la tierra. Fueron trabajadores diligentes e industriosos, que sacrificaron su vida por la unidad, la seguridad, la fe y el amor por el rito antioqueño.
Por siglos sufrieron grandes pruebas, persecuciones, servidumbre y muerte, sin embargo, gracias a la perseverancia y santidad de los monjes, pudieron conservar la verdadera fe, ofreciendo a las generaciones que les sucedieron un espíritu de libertad que les preservó de ser asimilados por el Islam.
Los Maronitas fueron líderes en muchos ramos de la cultura y la ciencia como: teología, filosofía, poesía, literatura, arquitectura, pintura y artes. Fueron los primeros en introducir la imprenta, publicando los primeros libros en medio-oriente, además de ser pioneros en la educación primaria y superior, gracias al empeño de los patriarcas y sobre todo de los monjes.
Hoy el pueblo maronita se encuentra extendido por el mundo, su presencia y su voluntad de independencia y conservación del patrimonio territorial y cultural, que les es propio, testifican su calidad espiritual, su piedad y su libertad, que les ha conservado íntegros y a la vez en constante progreso. Son conocidos, como trabajadores incansables, devotos de su herencia y de su amor a La Santísima Virgen.
Su ininterrumpida cadena de mártires, confesores y santos como: San Marón, San Juan Marón, San Efrán- Doctor de la Iglesia-, San Ignacio de Antioquia- Padre Apostólico-, San Juan Crisóstomo- patriarca de Constantinopla y Padre de la Iglesia y los contemporáneos, San Charbel, Santa Rebeca de Himlaya y San Nemetala Al-Hardini son testigos de la fidelidad, lealtad, y fe al Evangelio como Palabra viva y permanente de Dios.
Han defendido heroicamente su existencia en la libertad dando ejemplo a otros pueblos de unidad y coherencia en su ideal, que es esencialmente un mensaje de amor.
Muchos son los europeos y actualmente americanos que se han sentido atraídos a la Montaña Libanesa, para vivir la experiencia del ascetismo y espiritualidad propios de los maronitas.
El Pueblo Maronita lleva inherente su fe y sus tradiciones, llevando, por este motivo, al mundo entero la suave fragancia de las virtudes cristianas a la vida que les rodea.
Cada maronita debería sentirse orgulloso de su herencia y conservar la memoria de sus antepasados, para seguir sus huellas y abrir así el camino a las futuras generaciones para que conserven su cultura, unidad y tradición.
Como Jesús mandó a sus Apóstoles para que fueran a evangelizar todas las naciones e hicieran discípulos, la naciente Iglesia creció y se extendió fuera de Jerusalén. Experimentó otras tradiciones, culturas, costumbres, idiomas, formas de arte, arquitectura y música. El oriente y el occidente cristianos expresan las mismas verdades fundamentales de su Fe católica en formas diversas, singulares y con distintos adornos. La Iglesia no es lo mismo que un rito. Dentro de la Iglesia católica existen 22 iglesias autónomas, cada una de las cuales sigue su propio rito. Todas tienen 3 elementos básicos: La Fe y el dogma Apostólico, Los misterios o Sacramentos y la Unidad en torno al Papa.
Un rito es la liturgia única, la teología, la espiritualidad y el derecho, caracterizados por su propia influencia cultural, lingüística y de tradición

 



viernes, 7 de marzo de 2014

Cuaresma y Semana Santa

Cuaresma y Semana Santa
¿Qué es la Semana Santa? Yo diría que en hoy día es de todo menos de lo que tiene que ser. Hasta algunos han suprimido lo de Semana Santa por vacaciones de primavera. Los hay que, para ellos, es: divertirse a tope con lo único que saben hacer, alcohol y otros tipos de drogas, y, hay cierta juventud, que no todos, pues la mayoría de los jóvenes son una maravilla, pero hay otros que tela marinera, que disfrutan viendo pelearse dos adolescentes mientras que los demás los están grabando con el móvil. Para otros la Semana Santa es: ¡la mejor procesión es la de mi Nazareno o mi Virgen de la Paz! u otro trono de tantos como hay, llegando a convertirse en adora imágenes, hasta tal punto que hay miles de jóvenes como costaleros y luego no asisten a Misa o como yo lo he visto, este no era tan joven ni costalero, llegar a la Iglesia y estar el sacerdote en plena Consagración, ir directamente a la imagen, santiguarse y pedirle o rezar, marchándose sin más.
Hoy por hoy son muy pocos los que guardamos el ayuno y la abstinencia, de tal forma que hay personas que se ríen o burlan cuando decimos que guardamos la Cuaresma. A estos les da igual que sea el día que sea, incluso al enterarse que es viernes o miércoles de ceniza te dicen: ah sí, pues ahora me voy a comer un chorizo; se hacen los graciosos. El quinto Mandamiento nos dice: “no matarás” ha esto, ellos dicen: ¡yo no he matado a nadie!, madre mía, como si sólo se matara con el cuchillo, pues anda que no mata la lengua, a veces, mucho más que cualquier arma, pues te hiere el alma. Lo toman todo a su forma, a su manera, y, aquello que nos dice directamente lo que no debemos de hacer, como por ejemplo el cuarto mandamiento de la Santa Madre Iglesia: “Abstenerse de comer carne, y ayunar en los días establecidos por la Iglesia" (ayuno y abstinencia: el miércoles de ceniza y el viernes santo; abstinencia: los viernes de cuaresma), dicen que somos unos retrógrados y que no miran sea el día que sea, que ellos pasan de esto…
La Cuaresma nos prepara para ese día grande que es el Domingo de Resurrección y la única forma de llevarla a buen puerto es con: el ayuno, la limosna y la oración, de tal manera que nos tenemos que revestir del hombre nuevo, echando fuera todo lo vano que hay dentro de nosotros como: la envidia, el rencor, la prepotencia, el orgullo, la xenofobia, el racismo, la intolerancia… incluso tenemos que ver –y actuar- como erradicar el pecado de la concupiscencia. Pues también es culpa nuestra, tantos muertos por hambre como hay en el mundo, estamos muy tranquilos porque todo esto ocurre muy lejos de donde estamos nosotros y como dice el refrán: ojos que no ven, corazón que no siente; tenemos que verlo con los ojos del corazón y no quedarnos parados, tenemos que actuar, cada uno de la forma que mejor vea, pero nunca quedarnos con los brazos cruzados, eso nunca.
Semana Santa, semana de pasión, muerte… y aquí se quedan muchos, en la muerte de Jesús; por eso no ven ni entienden lo que es la semana Santa. Para ellos esta semana es semana de diversión, de ocio, de descanso, de ver las procesiones y de criticarlas o alabarlas sin más nada. Hay que decirles “Jesús resucitó” y decirlo con la boca muy grande, con firme voz y convencidos de lo que estamos diciendo: ¡Que sepáis que Cristo resucitó!

La Semana Santa hay que verla como una catequesis, cada paso, cada trono según su imagen, tenemos que pensar y meditar sobre lo que estamos viendo; pensar que Jesús-siendo Dios- se hizo carne, bajó del Cielo y habitó entre nosotros y todo por amor, pasando por una muerte y que muerte, para redimirnos, para abrirnos las puertas del Cielo, puertas que- no solo Adán y Eva, sino también nosotros- cerramos con nuestros pecados ¿puede haber amor más grande?… Y al tercer día Resucitaré; esto es lo que tenemos que tener bien claro, ya que Dios no es Dios de muertos sino de vivos. De siempre, para mí, este ha sido un día súper feliz, un día en el que, cuando despertaba, me ponía a dar saltos en la cama de alegría y gozo. Tenemos que ver a la segunda Persona de la Santísima Trinidad en la Cruz para no olvidar nunca lo que por amor hizo por toda la humanidad; pero tenemos que tener bien claro que Resucitó y que tiene dominio sobre la muerte. Señor, que todos lo entendamos para bien nuestro y salvación; pues el que haya hecho el mal, sin saberlo, recibirá menos castigo que el que lo hiciere a sabiendas. Jesús, que seamos verdaderos mensajeros de tu Evangelio, que no nos de vergüenza pregonar la Verdad y aunque estemos mezclados con el mundo, que sepamos estar en nuestro sitio, sin mezclarnos con lo mundano.   

martes, 4 de marzo de 2014

San Pedro Poveda (Novena- y última- parte "Signos antiguos y nuevos para la Iglesia de hoy" y Bibliografía)

Signos antiguos y nuevos  para la Iglesia de hoy

        La memoria de San Pedro Poveda ha quedado, sobre todo, unida a la fama de su santidad de vida, a la novedad de haber dado un decisivo y concreto estímulo a la misión de los fieles laicos en la Iglesia y en mundo, a su cualificada contribución a la espiritualidad y a la educación, y a la posibilidad de generar proyectos apostólicos dinámicos, capaces de responder desde el propio carisma a las demandas de cada circunstancia, tiempo y lugar.
            La Institución Teresiana fundada por San Pedro Poveda, que continúa siendo una Asociación de fieles laicos, de derecho pontificio, presente hoy en un buen número de países de cuatro continentes, ofrece una posibilidad de formación sólida para vivir a fondo las exigencias del bautismo, incluso en entrega total a Jesucristo, y para realizar una misión como Iglesia al servicio del Reino de Dios. Pretende la promoción humana y la transformación social mediante la educación y la cultura y, del mismo modo que las primeras comunidades de seguidores de Jesús, sus miembros iluminan su vida con la Palabra de Dios, la alimentan con la Eucaristía, viven el amor fraterno y hacen del compartir solidario una norma de vida.
            Se han cumplido ya los cien años de cuando el joven sacerdote Pedro Poveda comenzaba su acción evangelizadora en las cuevas de Guadix. Entonces, “lo primero que hicimos fue instalar el Santísimo Sacramento en nuestra ermita”, según escribía en 1904, porque “el fundamento de todo progreso moral y material es Jesucristo”. Y después, en cabal coherencia con la vocación recibida ante la Virgen de Gracia de aquella Ermita Nueva, afirmaba con vigor a los miembros de la Institución Teresiana fundada por él:

                “Nadie, por más autoridad que tenga, por más ilustrado que sea, por más virtud de que esté adornado, nadie puede ni podrá jamás poner otro cimiento que el puesto desde el principio, que es Cristo. Esta es nuestra Obra, esta es la doctrina que hemos profesado, y bajo ningún pretexto debemos admitir elementos humanos en lo que en Cristo, por Cristo y para Cristo se fundó”.

            Nos encontramos en el entorno del centenario de la fundación de la Institución Teresiana. Cuando en 1974 se cumplían los cien años del nacimiento de san Pedro Poveda, la UNESCO lo presentó al mundo en su calendario bienal sobre la celebración de aniversarios de “personajes ilustres en el campo de la educación, la ciencia y la cultura que han influido profundamente en el desarrollo de la sociedad humana y de la cultura mundial”, como “Pedagogo y humanista español”. A la vez, en la plaza mayor de Linares, sus paisanos le estaban dedicando un monumento con una lápida en la que escribieron la mejor síntesis de su biografía: “Al hombre bueno, al fundador, su pueblo agradecido”.
            Este hombre bueno, este fundador, este pedagogo y humanista, dejó muy claramente escrito a su fundación en 1929 en qué consiste la mayor bondad, la mejor pedagogía y el más pleno humanismo:

            “Porque tengo el convencimiento de que todo es obra de Dios y de que el camino que Dios traza a la Institución es este, quisiera inculcar de tal modo estas verdades en el ánimo [de los miembros de esta Obra] que ni ahora ni nunca se les ocurriera pensar en la práctica de medios humanos, ni desear otros que la oración y la mortificación, ni poner su confianza en nada humano, sino en la misericordia del Señor.
                Quizá se me diga: ¿pero a qué viene esto? Responderé que si al presente no se os ocurre pensar de manera distinta, podría acontecer que, pasando el tiempo, os olvidarais de estas verdades y llegarais a pensar que es cosa humana lo que es obra de Dios”.
               
            A los sacerdotes, a quienes, como él, han sido llamados a una particular configuración con Jesucristo, el único mediador, San Pedro Poveda continúa ofreciéndoles el testimonio de su propia actitud, expresada en un apunte personal de 1933:

            Señor, que yo piense lo que tú quieres que piense; que yo quiera lo que tú quieres que quiera; que yo hable lo que tú quieres que hable; que yo obre como tú quieres que obre. Esta es mi única aspiración”.

            O dicho, en múltiples ocasiones, de modo más breve: “Cada día deseo más cumplir la voluntad del Señor en todo”; “Cúmplase en mi tu Voluntad siempre y en todas las cosas”; “Todas mis oraciones se encaminan al ‘doce me facere voluntatem tuam’ (enséñame a hacer tu voluntad)”.

            La Eucaristía constituía, como no podía ser de otra manera, el auténtico centro de su vida sacerdotal, por lo que abundan en sus escritos súplicas como estas:

                        “Señor, que cada día celebre mejor el Santo Sacrificio”.

                “Hace 36 años que recibí la ordenación de Presbítero. ¿Cuántos más viviré? Sólo Dios lo sabe. A Él pido la gracia de no dejar de celebrar con fervor ni un solo día la Santa Misa”.

            En 1933, cuando formula esta oración, no le quedaban muchos años de vida, pero en ellos se cumplió cabalmente lo que había constituido para él una actitud invariablemente mantenida, porque el sacerdote es un hombre de Dios para los demás:

                “Hay que hacerse todo para todos, a fin de ganarlos a todos para Cristo. Si hay que velar, se vela; si hay que sufrir, se sufre; si hay que humillarse, se humilla; si hay que pedir limosna, se pide; si hay que enfermar, se enferma; si hay que morir, se muere”.                                              

            A los educadores, a los profesores, a los maestros, a quienes habían constituido el centro de sus proyectos y actividad, les repetía estas o parecidas palabras: “Yo os pido un sistema nuevo; un nuevo método; unos procedimientos tan nuevos como antiguos inspirados en el amor”. Y también, ya al final de su vida, en 1935:

                “Con dulzura se educa, con dulzura se enseña, con dulzura se consigue la enmienda, con dulzura se evitan muchos pecados, con dulzura se gobierna bien, con dulzura se hace todo lo bueno”.

            Esta es la clave de más genuina pedagogía Povedana, el único método que él quiso y supo ofrecer, y que planteó desde el comienzo ─1912─ en términos como estos:

                “Ha de procurarse que cada discípulo dé de sí todo lo bueno que puede dar, y no es fácil conseguirlo sin darle expansión. Para educar hay que conocer a la persona que se educa; sin este conocimiento, los medios más excelentes serán infructuosos”.  

            San Pedro Poveda, educador convencido y eficaz, con un tino muy certero para orientar, prudentemente audaz, amable y cercano, confió siempre en los jóvenes.

                “¿Quiénes son los más valientes, intrépidos, temerarios, arriesgados? Los jóvenes. ¿Quiénes son los que tienen ideales, los que se olvidan de sí? Los jóvenes. Me preguntaréis ahora qué podéis hacer. ¡Oh juventud, arma poderosa, brazo casi omnipotente, fuerza del mundo! Sea vuestra primera meditación ésta. Somos jóvenes: todo lo podemos. Somos de Dios: todo lo bueno podemos”.

            Escribía estas palabras en 1933, casi al final de su vida, sintetizando toda una trayectoria en la que la juventud había ocupado siempre su afecto y actividad.

            “Creer bien y enmudecer no es posible. Creí, por esto hablé. Es decir, mi creencia, mi fe no es vacilante, es firme, inquebrantable, y por eso hablo. Los que pretenden armonizar el silencio reprobable con la fe sincera pretenden un imposible”, advertía en 1920 a todos los que se consideraban seguidores de Cristo Jesús. Y añadía: “Los verdaderos creyentes hablan para confesar la verdad que profesan, cuando deben, como deben, ante quienes deben y para decir lo que deben”. De este modo:

                “Seriamente, sin provocacio­nes, pero sin cobardías; sin petulancias, pero sin pusilanimidad; con caridad, pero sin adulacio­nes; con respeto, pero sin timidez; sin ira, pero con dignidad; sin terquedad, pero con firmeza; con valor, pero sin ser temerarios”.

            Podía expresarse así porque ésta había sido, y estaba siendo, su propia experiencia personal. Se refería a una manifestación de la propia fe que en muchas ocasiones deberá ser con palabras y hechos, y siempre, como el sarmiento que está unido a la vid, dejando brotar la vida que circula en su interior. Como aseguraba en 1925:

                “Los hombres y las mujeres de Dios son inconfundibles. No se distinguen porque sean brillantes, ni porque deslumbren, ni por su fortaleza humana, sino por los frutos santos, por aquello que sentían los apóstoles en el camino de Emaús cuando iban en compañía de Cristo resucitado, a quien no conocían, pero sentían los efectos de su presencia”.

            Lo mismo podría decirnos a los cristianos de hoy. 

 BIBLIOGRAFÍA
DA
P. Silverio de Santa Teresa, Vida de D. Pedro Poveda Castroverde, Fundador de la Institución Teresiana, Madrid, Publicaciones de la Institución Teresiana, 1942 y 1952.
A. Galino, Pedro Poveda, Itinerario pedagógico. Estudio preliminar, introduc­ciones y notas, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1964 y 1965.
D. Mondrone, Un prete scomodo. Don Pietro Poveda Castroverde, fondatore della Istituzione Teresiana, Roma, Ed. «La Civiltá Cattolica», 1961, y Milano, Ed. Ancora, 1969. En español, El Padre Poveda, Ed. Paulinas, Bilbao 1965.
F. Fernández  Ramos,  Interpelado por la Palabra, Madrid, Narcea, 1975.
F.P. Velázquez, Cuadernos Biográficos Pedro Poveda, 8 volúmenes, Madrid, Narcea S.A. de Ediciones, 1986-2003.
F. Fernández  Ramos, Espiritualidad bíblica en «Consideraciones» de Pedro Poveda, Madrid, Narcea, 1989; AA.VV, Pedro Poveda. Volumen-Homenaje. Cincuentenario, 1936­-1986, Madrid, Narcea, 1988.
D. Gómez Molleda, Pedro Poveda educador de educadores, Madrid, Narcea, 1993.
Centro Romano di Studi Povedani, Pietro Poveda. Essere Chiesa, Profilo biografico e scritti scelti, Roma, Cittá Nuova Editrice, 1993.
M.E. González Rodríguez, Pedro Poveda. La sua Vita e il suo tempo. Su vida y su tiempo. His life and his times, Istituzione Teresiana, Ro­ma 1993.
AA.VV., Pedro Poveda. Testimonios de hoy, Madrid, Narcea S.A. de Ediciones, 1994.
M.E. González Rodríguez, Pedro Poveda. Jesús, Maestro de oración. Edición crítica, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997 y 2001.

M.E. González Rodríguez, (ed.) San Pedro Poveda Castroverde. Canonización. Madrid, 4 de mayo de 2003, Madrid 2005.