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domingo, 2 de marzo de 2014

San Pedro Poveda (QUINTA PARTE "Una Obra de Iglesia abierta al futuro. Intensa actividad apostólica")

Una Obra de Iglesia abierta al futuro.
Intensa actividad apostólica

  En 1921 don Pedro Poveda fijó su residencia en Madrid, por haber sido nombrado uno de los seis capellanes de la real capilla. En esta ciudad desempeñó diversos encargos, entre ellos el de formar parte, en 1922, de la recién creada Comisión Central contra el Analfabetismo. En este mismo año fue nombrado Arcipreste de Vic (Barcelona), y enseguida de El Burgo de Osma (Soria), por permuta de su cargo en la catedral de Jaén, con dispensa de residencia para poder atender a los servicios que le habían sido solicitados en Madrid.
            Buena parte de su actividad en la Capital consistió en consolidar la Obra Teresiana, que continuaba extendiéndose. En 1919 María Josefa Segovia había sido nombrada por él primera directora general y, en esos años, quedó definitivamente configurada en sus fines y en su compleja organización, que articula, en una sola Institución, un núcleo de mujeres plenamente comprometidas con la Obra y su misión en entrega total a Jesucristo, y diversas asociaciones cooperadoras. La finalidad educativa y cultural tiene como base la especial atención a la formación cristiana, humana y profesional de todos los miembros y, como característica principal, la presencia en puestos que permiten la relación de y con todos los grupos sociales, como son los de carácter público.
            Alcanzado un considerable desarrollo geográfico y organizativo, bien precisado el espíritu que había de animarla y los modos y formas de realizar la misión, a instancias del Nuncio de Su Santidad en España, la Asociación de Fieles “Institución Teresiana”, fue presentada a Roma por algunos de sus miembros en solicitud de aprobación pontificia. La obtuvo a perpetuidad mediante el Breve Inter frugiferas, del Papa Pío XI,  el 11 de enero de 1924. Se daba así estabilidad a un nuevo carisma en la Iglesia y en el mundo, que requería a los fieles laicos un exigente compromiso de vida evangélica y una peculiar responsabilidad en algunos aspectos concretos de la misión eclesial, carisma iniciador de un camino que luego se ha hecho más amplio y común.
            Pedagogo de la vida cristiana y de las relaciones entre la fe y la ciencia, hombre de profunda oración y solidario con los más necesitados, el Padre Poveda estaba convencido de que los cristianos debían aportar su esfuerzo para la construcción de un mundo más fraterno para todos, según el plan de Dios, por lo que, ratificado el carisma de la Institución Teresiana con la reciente aprobación del Papa, a través de esta Obra y de otras actividades se lanzó aún más decididamente a promover la presencia de hombres y mujeres de fe en los distintos ámbitos culturales y de la sociedad.
            Continuó poniendo creciente empeño en alentar proyectos de carácter educativo. Así, en 1925 contribuyó a realizar y apoyó un plan de la Escuela de Estudios Superiores del Magisterio en favor de los maestros de las escuelas rurales de las zonas más desfavorecidas; en 1926 atendió el ruego del Obispo de Madrid-Alcalá de fundar una Academia para maestros, base de la Institución del Divino Maestro, que reunía a educadores varones; en estas mismas fechas, alentados por la Institución Teresiana, inició programas de avanzada en favor de la mujer campesina y en 1927 formalizó la creación del Instituto Católico Femenino de Madrid, ensayado desde 1923, primer centro de Enseñanza Media de iniciativa privada con estudios de validez oficial, con el que se proponía facilitar el acceso de la mujer a la Universidad. En 1928 y 1930 favoreció la presencia de maestras de la Institución Teresiana en las campañas misionales para los emigrantes en el sur de Francia promovidas por el episcopado español; en 1929, junto con los PP. Enrique Herrera Oria, SJ, y Domingo Lázaro, SM, fundó la F.A.E. (Federación de Amigos de la Enseñanza), con el propósito de alentar a personas, grupos y asociaciones comprometidas en el ámbito educativo, y formó parte de la primera Junta de gobierno y del Consejo de Redacción de su revista, Atenas. Por estas mismas fechas, difundió la encíclica de Pío XI Divini illius Magistri (1929), sobre la cristiana educación de la juventud,
            Trabajó también, y muy activamente, con la Acción Católica. En este mismo año 1929 el Obispo de Madrid-Alcalá y el Cardenal Primado le encargaron la organización de las Estudiantes Universitarias Católicas, para las que abrió una sede en Madrid, animada por miembros de la Institución Teresiana. También en 1929 participó en el I Congreso Nacional de la Acción Católica como Consiliario de la Asociación de Padres de Familia, y en 1930 en la I Asamblea de la Acción Católica Nacional, como Presidente de las Juventudes y Estudiantes. En 1930 fue invitado por la Junta Central de Acción Católica a formar parte de una comisión encargada de estudiar un proyecto de Universidad Católica para España, como existían en otros países europeos, comprometiéndose en el plan para la Facultad de Pedagogía de dicha Universidad.
            En estos años, cuando la mujer se iba incorporando a las tareas de la sociedad contemporánea, la Institución Teresiana, en progresivo desarrollo, suponía no solo un movimiento de avanzada, sino que estaba siendo capaz de diseñar programas de acción y de ofrecer recursos formativos capaces de dar respuesta a los nuevos retos del cambiante contexto.
Atento como siempre al ámbito de la educación y la cultura, al percibir el considerable aumento del número de estudiantes universitarios en la tercera década del siglo XX, don Pedro Poveda se interesó activamente por ese sector. Además de asumir la aludida organización de las Estudiantes universitarias de la Acción Católica, y potenciar el recién creado el Instituto Católico Femenino, abrió nuevas residencias de la Institución Teresiana para la mujer que acudía a la Universidad y, en los años difíciles de la II República, ideó medios para mantener Asociaciones de estudiantes y licenciadas jóvenes, como la Liga Femenina de Orientación y Cultura.                   
Convencido de que la piedad y la cultura estaban llamadas a convivir en buena armonía en la mente y el corazón de los creyentes, y que la fe no ponía en conflicto la dedicación a los más altos estudios, como algunos no cesaban de afirmar, de este modo se dirigía a las universitarias en 1930, expresándoles lo más genuino del carisma de la Institución Teresiana:

                “En nuestro programa, después de la fe, mejor dicho, con la fe, ponemos la ciencia. Somos hijos del Dios de las Ciencias, de quien dice la Sagrada Escritura: ‘Deus Scientiarum, Dominus est’. El autor de la fe y de la ciencia es uno mismo, Dios, y el sujeto de la fe y de la ciencia,  la criatura humana. Así como os decía el otro día que seáis mujeres de mucha fe, de fe viva, de fe sentida, y que nunca digáis: no más fe, así os digo hoy: desead la ciencia, trabajad por conseguirla y no os canséis nunca, ni digáis jamás: no más ciencia. La mucha ciencia lleva a Dios, la poca nos separa de Él”.

            O dicho de otro modo, en 1932: “Hay que demostrar con los hechos que la ciencia hermana bien con la santidad de vida”.
Pero una fe y una ciencia cuyo fin no es cualificar a quien las posee, sino ser verdadero y humilde signo del Reino de Dios. También de estas fechas, y dirigida a los mismos destinatarios, es esta otra afirmación muy suya, que repite y subraya en el folleto Hablemos de las alumnas, publicado en 1933:

            “Juzgo como un error el afán desmedido de rodear a la joven estudiante de todo género de comodidades y de aislarla de todo contacto con la humanidad pobre y necesitada para evitarle sufrimientos y disgustos. ¿Para qué servirá después una joven así educada? ¿Qué papel hará en la sociedad, qué remediará con su ciencia?”.

No era fácil la propuesta, y menos para los que, con la mejor intención, pensaban que los estudios superiores podían incluso ser perjudiciales para las jóvenes estudiantes. O que poseer un título académico superior significaba colocarse por encima de los demás. Suenan casi a justificación las palabras de don Pedro en 1927, apoyando el programa del Instituto Católico Femenino: “que educar a la mujer, aunque sea para la universidad, no es deformarla, sino perfeccionarla”. Era bien consciente de la dificultad, no sólo ambiental o de contexto, sino porque intentaba relacionar términos que podían parecer antinómicos, aunque, adecuadamente relacionados, llegaran a reclamarse entre sí.
 Se trataba, en realidad, de un nuevo carisma en la Iglesia y para el mundo, que entrañaba en sí no sólo la articulación fe-ciencia o piedad-estudio, sino la mayor exigencia de vida cristiana en los miembros de una Institución aprobada por el Papa con la sencilla forma jurídica de una “Pía Unión” de fieles laicos. Escribía en 1929:

                “Hemos inaugurado un camino nuevo en el Derecho Canónico y hemos dado la pauta para otras obras, pero ¿habremos dado el ejemplo de virtud, de perfección? [...]. Para la Obra grande que realizamos, esta Obra audaz, atrevidísima, si vale la frase ─casi temeraria─, se necesita extraordinaria vocación, santa chifladura de perfección, prurito de exquisitez espiritual, temple de mártir, celo de apóstol, monomanía de ciencia, obsesión de edificación”.

            Aún sin formar parte de los organismos directivos de la Institución Teresiana, en los últimos años de su vida se dedicó intensamente, como fundador, a abrir nuevos campos a los diferentes aspectos de su misión, a impulsar decididamente esta Obra que, como decimos, estaba aportando a la Iglesia un carisma muy nuevo y eficaz, y a tomar las adecuadas previsiones para impedir que el paso del tiempo, o diferentes circunstancias, la pudieran desidentificar. “La Obra ha de ser ahora y siempre como se pensó en un principio ─decía─. Santidad más que nunca; virtudes sólidas a costa de la vida”. Y se reafirmaba en lo expresado poco después de la aprobación pontificia de la Institución Teresiana: “Pía Unión Primaria. Una mínima asociación en el orden canónico, pero ¡cuán grande es su misión! ¡cuánta santidad se les pide! ¡qué Madre ─Santa Teresa─ tan excelsa tienen!”.
            Con clara conciencia de la identidad y de la universalidad de este carisma, alentó también la expansión geográfica de la Obra, intensificando la relación con diversas organizaciones internacionales, e iniciando la presencia de la Institución Teresiana fuera de España: en 1928 en Santiago de Chile y en 1934 en Roma, “en pro de la mayor identificación con la Iglesia”.
Para dejar bien identificada y consolidada la Obra en su más genuina identidad, en 1935 obtuvo de la Santa sede el Breve Litteris Apostolicis, que afirmaba el origen de la Institución Teresiana en Covadonga, a don Pedro Poveda como su fundador y el carácter universal de esta Obra.
            Por su parte, para mejor cumplir sus obligaciones de presbítero y atento siempre a los más necesitados, además de seguir perteneciendo a la Unión Apostólica de sacerdotes Seculares, desde 1930 se incorporó a la Hermandad del Refugio y Piedad de Madrid, destinada a atender a pobres, vagabundos y enfermos.

            Reconocido como hombre prudente y de concordia, de probada virtud y de consejo, con heroica caridad, sencillo, dialogante y profundamente humilde, San Pedro Poveda supo también acoger y ofrecer su madura experiencia a jóvenes sacerdotes, religiosos y seglares, algunos de ellos iniciadores de obras que se consolidaron después, que acudían a él en búsqueda de orientaciones, sugerencias y apoyos. “Todos hemos de cooperar”; “hay en el campo lugar para todos, puesto para cada uno y esfera de acción donde moverse”, son frases de sus escritos primeros, cuyo contenido supo llevar siempre a la práctica, y que explican y dan pleno sentido a su invariable actitud de “unir fuerzas”, colaborar con otros y suscitar cooperación.         

sábado, 1 de marzo de 2014

San Pedro Poveda ( cuarta parte "Impulso a la Institución Teresiana y compromiso con su ambiente")

 Impulso a la Institución Teresiana

y compromiso con su ambiente
       “Sentí muchísimo salir de Covadonga, pero fue mayor la alegría que me produjo la esperanza de ver progresar mi Obra en muchas partes. Desde Jaén podía servir mejor a la Obra”. Así explicaba don Pedro su traslado a Jaén en 1913.
El Obispo de esta diócesis lo recibió complacido, tal como expresaba unos años después, en enero de 1917, en una carta dirigida a Poveda: “Cuando usted fue nombrado canónigo de la Catedral de Jaén, recibí una carta del señor Abad de la Colegiata de Covadonga, en donde usted era prebendado, dándome la enhorabuena por su traslado a Jaén y haciéndome el elogio de su Obra, de su espíritu de propaganda católica y de sus aptitudes pedagógicas para tan importante objeto [...].
En suma: mi juicio sobre la Obra de usted es, que la considero como bajada del Cielo, de oportunidad extraordinaria para atender a las necesidades que exigen los tiempos presentes [...] y, por consiguiente, Obra de grande y dilatada trascendencia. Concluyo alentándolo a seguir adelante”.   

            Para mejor impulsar, pues, esta Obra que agrupaba a personas dedicadas a evangelizar en el mundo de la educación y la cultura, principalmente en el campo del magisterio, decidió regresar a su diócesis de origen, teniendo en cuenta, además, que, en cumplimiento de un reciente decreto, en el curso 1913-1914 estaba previsto crear Escuelas Normales de Maestras en las capitales de provincia que no la tuvieran, como era el caso de Jaén, donde sólo había Normal para Maestros.
            Allí fue canónigo de la Catedral, obtuvo el título de Maestro, trabajó como profesor del Seminario y de ambas Escuelas Normales y participó activamente en la vida de la ciudad, prestando siempre notable atención a los sectores más necesitados y a las nuevas corrientes educativas y culturales del ambiente local. Muy pronto fue reclamada su presencia en diversas iniciativas ciudadanas, como la Asociación de la Prensa, la Academia de Estudios Superiores y la Real Sociedad Económica de Amigos del País. Fue también director espiritual del Centro Catequístico de Obreros, miembro de la Junta de Reclusos y Libertos y Vocal de la Junta Provincial de Beneficencia. Y desde 1912 pertenecía a la Unión Apostólica de Sacerdotes Seculares, de carácter internacional.
En Jaén publicó el folleto El estudio de la Pedagogía en los Seminarios (1917), que recoge la lección inaugural del curso 1914-1915, que le correspondió dictar como último profesor llegado al Centro. Manifestó de modo muy documentado su convencimiento  convencido de que, quienes tenían por misión educar en la fe, deberían gozar de la preparación pedagógica adecuada, haciendo propuestas concretas.
            Apenas llegado a Jaén, conoció a María Josefa Segovia, entonces de 22 años de edad, que estaba concluyendo sus estudios en la Escuela Superior del Magisterio de Madrid y llegó a ser su principal colaboradora en la Institución Teresiana. A ella le confió iniciar una Academia-Internado en dicha ciudad para las alumnas de la nueva Escuela Normal femenina, mientras hacía sus Prácticas y Memoria de la Escuela Superior, tarea que realizó con notable competencia y entusiasmo. Y desde allí continuó don Pedro animando la creación de otras Academias y Centros de formación pedagógica en distintas capitales de provincia, que eran al mismo tiempo hogares de profunda vida cristiana y presentaban una fisonomía cada vez más propia y definida.
            Esta Obra se extendió con mucha rapidez y vio crecer notablemente sus actividades y sus colaboradores, contribuyendo de modo decisivo a la promoción y formación de la mujer. Las Academias de Santa Teresa de Jesús, la mayoría de ellas con internado para las estudiantes de las Escuelas Normales, facilitaron el acceso a los estudios de Magisterio a muchas jóvenes de las ciudades y de los pueblos y su posterior ejercicio profesional. Además, en 1914 don Pedro Poveda abrió en Madrid la primera residencia universitaria femenina de España y aglutinó a buena parte del profesorado femenino, en particular de Escuelas Normales. La Obra Teresiana, al comienzo de los años veinte del siglo pasado, llegó a ser tal vez el grupo más cualificado y comprometido en la formación humana y cristiana de la mujer estudiosa.
            La Institución Teresiana, articulada en diversos grupos y con presencia muy activa en los diversos sectores de la cultura y de la sociedad, en 1917 fue reconocida civilmente en Jaén según de la vigente Ley de Asociaciones y obtuvo aprobación eclesiástica diocesana como Asociación de Fieles, una “Pía Unión” según el recién promulgado Código de Derecho Canónico. Quedó constituida desde el principio como una Institución de fieles laicos compleja, con un único espíritu y misión y diversos modos de ser miembro de ella. Se acogía a la titularidad de Santa Teresa de Jesús, mujer de amplia cultura y de sólida vida de oración, adoptaba como estilo de vida el de los primeros cristianos, e identificaba la educación y la cultura como el ámbito específico de su misión.
            En los últimos años de su estancia en Jaén, el Padre Poveda ―como todos le llamaban― escribió y dio a la imprenta Consideraciones (1920) y, principalmente, el folleto y el libro titulados Jesús, Maestro de oración (Córdoba, 1922), hoy publicado en edición crítica en la Biblioteca de Autores Cristianos (Madrid, 1997 y 2000). También vieron nuevas ediciones sus escritos de la etapa de Covadonga y añadió una nueva e importante serie a sus Consejos.

            Desde que viera la luz el primer número de la “Primera Época” en octubre de 1913, don Pedro Poveda animó siempre el Boletín de las Academias Teresianas, revista pionera en su género en cuanto a la formación pedagógica de los educadores, formación en consonancia con la también deseada profundización en su fe. Él escribió con frecuencia en las páginas del Boletín y animó a las profesoras de las Academias a que lo hicieran, logrando mantener viva, y cada vez más lograda, la presencia de esta publicación en los ambientes educativos.

viernes, 28 de febrero de 2014

San Pedro Poveda (tercera parte: "Reflexión y oración: Fundador de la Institución Teresiana")

Reflexión y oración: Fundador de la Institución Teresiana
Después de tres años de intensísimo trabajo, ante las inevitables dificultades que también encontró, en 1905 se trasladó a Madrid con el propósito de fundar un asilo para niños de la calle, que no pudo realizar. Estuvo en Linares y en Baeza, ayudando a un hermano suyo en los estudios, hasta que en 1906 fue nombrado canónigo de la Basílica de Nuestra Señora de Covadonga (Asturias), en la zona montañosa del norte de España. Allí permaneció hasta 1913.
            El cambio de circunstancia y de ambiente respecto a su Andalucía natal, no modificó su actitud. Atento al nuevo entorno en que vivía por exigencia de su fe, se preocupó en primer lugar de los numerosos visitantes que acudían al Santuario. Para que su experiencia religiosa se prolongara algo más que las pocas horas de su estancia allí, editó libros y opúsculos, con los que también pretendía colaborar a su formación cristiana, como En provecho del alma (Linares, 1909), Para los niños (Barcelona, 1910) y Plan de vida (Linares, 1911). En otro librito, Visita a la Santina (Oviedo, 1909), ofrecía a los peregrinos sugerencias para el tiempo que permanecieran en el Santuario y, con los cinco folletos titulados La Voz del Amado (Vergara, 1908), pretendía facilitarles la práctica de la oración con base en textos de la Sagrada Escritura, lo cual entonces era una gran novedad. También les exhortaba a la conversión continua, al buen uso del tiempo y a la comunión frecuente, bien preparada y agradecida, según las orientaciones pastorales que se estaban dando en ese momento en la Iglesia.
            Durante estos siete intensos años de Covadonga, fue profundizando en la comprensión de lo que ya había comenzado a percibir en Guadix: la importancia de atender a la educación de los niños y jóvenes para que llegaran a ser personas libres y responsables en la sociedad y, por tanto, la necesidad de que los maestros estuvieran bien preparados profesionalmente, vivieran su fe de modo coherente y responsable, fueran solidarios y supieran cooperar.
            Sus frecuentes estancias en Madrid, paso obligado en sus viajes desde Covadonga a Linares; la proximidad de Oviedo, con una prestigiosa Universidad, y la cercana ciudad de Gijón, con un importante puerto abierto a Europa y América, le fueron ampliando horizontes y conocimientos, de modo que llegó a captar con gran clarividencia y profundidad los problemas que, fundamentalmente sobre educación y enseñanza, se debatían en el momento.
Gran parte de las cuestiones entonces planteadas tenían como base la relación entre la fe y la ciencia, conflictiva para quienes se consideraban más renovadores, y esto incidía de modo decisivo en el campo de la escuela. Es lo que analizó en algunos artículos que dio a conocer a través de la prensa, recogidos poco después en el folleto Alrededor de un proyecto (Linares, 1913). Además, era el momento en que, a partir de distintas experiencias aisladas, se estaña sistematizando la pedagogía científica, y cuando el Estado intentaba adueñarse de la escuela, antes principalmente en manos de la Iglesia.
La etapa de Covadonga fue decisiva en su biografía. Intensa en reflexión y proyectos, en ella maduró su ideal apostólico y educativo, orientado ya de por vida hacia la formación y coordinación de los educadores.
            En los amplios tiempos dedicados a la oración “mirando a la Santina”, profundizó en el misterio de la Encarnación del Verbo y, por tanto, en la implicación de los creyentes en la obra de la Redención. Y de su propia identificación con Jesucristo Crucificado y de la reflexión, desde la fe, sobre la realidad que progresivamente iba descubriendo, le fueron surgiendo nuevos proyectos de acción. Para llevarlos a la práctica escribió y publicó artículos y opúsculos programáticos, como el conocido Ensayo de Proyectos Pedagógicos (Gijón, 1911 y Sevilla, 1912), Simulacro pedagógico (Sevilla 1912) y Diario de una Fundación (Sevilla, 1912). En estos folletos tuvo la clarividencia y la audacia de proponer un amplio plan de formación y coordinación del profesorado, que poco después dio lugar a la “Federación Nacional de Maestros Católicos”. Y, dispuesto siempre a “comenzar haciendo”, a partir de 1911 fundó Academias para estudiantes de Magisterio, Centros Pedagógicos y Revistas, germen de su principal obra, la Institución Teresiana. Para las Academias escribió los Avisos Espirituales de Santa Teresa de Jesús, veinte breves capítulos con textos escogidos de las obras de la Santa, y unos originales Consejos (Covadonga, 1911) dirigidos a las Profesoras y Alumnas, futuras maestras, en los que dejó claramente esbozadas las líneas pedagógicas que había de desarrollar después.
            En la I Asamblea General de la Institución Teresiana, celebrada en 1928, el fundador planteó la pregunta: ¿podría desidentificarse la Obra? Y volviendo los ojos al origen, clave siempre de renovada identidad, escribió estas y otras consideraciones al respecto:

“Covadonga es para la Institución algo singular, único, y para mí algo más singular y más único.
La santa Cueva será siempre la cuna de nuestra amadísima Obra.
Ante la imagen de la Santina se oró, se proyectó, se vio, por decirlo así, el desarrollo de la Obra.
En fin, siete años de vida intensa en aquel bendito recinto dan mucho de sí, y todo lo que dieron fue en    torno del ideal de mi vida, que surgió y cristalizó mirando a la Santina”.

            ¿Cómo pudo afirmar San Pedro Poveda que la Institución Teresiana había nacido en Covadonga y no en Gijón, donde en agosto de 1911 fundó la primera Academia para maestros, o en Oviedo, donde en diciembre del mismo año dio vida a la primera Academia femenina para estudiantes de Magisterio? Resulta evidente que, en coherencia con su pensar y su sentir, el fundador no relacionaba el origen de su Obra con las actividades concretas a que inicialmente dio lugar el nuevo carisma, sino con su momento Fontal, genuino, germinal; con la inspiración nacida de la oración y el estudio que alentó aquéllas y todas las actividades que vendrían después. Porque la Institución Teresiana, en su peculiar identidad, no hace referencia a una actividad concreta, sino a un proyecto de formación y coordinación de educadores, animado por el Espíritu, que surgió y cristalizó mirando a la Santina.

            De aquí también que, para el fundador, la devoción a Nuestra Señora fuera algo sustancial, irrenunciable, por constituir un elemento de su identidad. Había escrito en 1927 refiriéndose al evidente marianismo que caracterizaba a la Institución: “Tan de Dios me parece esta señal que, os lo confieso sinceramente, preferiría ver desaparecer la Obra a ver disminuir en ella la devoción mariana”. Porque, en ese caso, se estaría debilitando su identidad. E insistía: la Institución Teresiana “es una asociación eminentemente mariana por su origen, por su historia y por su propia elección. Nació en la cueva de Covadonga”.    

jueves, 27 de febrero de 2014

San Pedro Poveda ( Segunda parte "En la ciudad y en las cuevas: la formación de las personas")

En la ciudad y en las cuevas:
La formación de las personas


            Durante estos intensos años en cuanto a su formación y experiencia sacerdotal, interesado por grandes y pequeños, fue tomando conciencia no sólo de la necesidad de evangelización, sino de los problemas sociales del contexto en que vivía.
Con motivo de la misión predicada por él en la cuaresma de 1902 en el barrio de las cuevas que rodean la ciudad de Guadix, desde esta fecha incorporó a sus actividades habituales en el Obispado y en Seminario, la de promover humana y cristianamente a los habitantes de esta zona marginada que padecían paro, hambre, analfabetismo y pobreza, y comenzó a establecer relaciones entre la ciudad y la periferia, que recíprocamente tendían a ignorarse.
            Impresionado por el abandono en que vivían los numerosísimos habitantes de las cuevas, pensó que lo mejor podía hacer en favor de los grandes y los pequeños era facilitarles medios para su educación personal y profesional, de modo que pudieran llegar a ser personas preparadas y, por lo tanto, capaces de desempeñar un trabajo que les permitiera una vida digna. Por eso, según escribía entonces, “Como el fundamento de la educación y la base de todo progreso moral y material es Jesucristo, lo primero que hicimos fue instalar el Santísimo Sacramento en nuestra Ermita. Pero ¿dónde diréis que hemos tenido que colocar al Rey de cielos y tierra?, pues en una cueva, parecida a las antiguas catacumbas”. Y es que, desde hacía siglos, una de las cuevas, situada en un lugar céntrico del barrio, había sido convertida en ermita. La presidía un hermoso cuadro de la Virgen de Gracia, al que tenían gran devoción en la zona, pero aunque esa preciosa cueva era parroquia, no solía tener culto. Por eso lo primero que procuró el joven Padre Poveda es que estuviera allí el Señor, presente en el sagrario. Para él, Jesucristo siempre fue el centro de su persona y de toda su actividad y lo demostró desde el principio, en las cuevas de Guadix.  
            Con ayudas de entidades públicas y de personas particulares, en pocos meses pudo construir las “Escuelas del Sagrado Corazón de Jesús”, contratar y pagar a los maestros, dar de comer a algunos niños y niñas y crear clases nocturnas y talleres para adultos, realizando así una importante tarea de ayuda humanitaria, educativa y de formación cristiana y profesional en este amplio sector de la población, olvidado de todos y carente de recursos. Además, interesó en esta tarea a las autoridades locales y a los centros de cultura de Guadix, acercando a los habitantes de la ciudad y de las cuevas, secularmente distanciados entre sí. Las autoridades locales supieron reconocerle esta importante tarea humanitaria nombrándole en 1904 “Hijo adoptivo predilecto” y dedicándole una calle y un bonito álbum con más de 700 firmas, “costeado por el elemento joven de la localidad”, según está escrito en la portada.
            Para entonces ya se habían trasladado a vivir con don Pedro sus padres y Carlos, el hermano menor. Decididos a permanecer en Guadix, habían llevado con ellos incluso un gran cuadro de la Inmaculada que tenía desde antiguo la familia, ante el cual según él mismo explicaba después, una tía abuela lo había ofrecido a la Virgen al nacer “para que me bendijera y para pedirle que si no había de ser buen cristiano me quitara la vida antes de ver la luz”. Siempre le tuvo un cariño especial.
            El Padre Poveda siempre fue muy devoto de la Virgen y también se grabó en él de modo muy singular el aludido cuadro de Nuestra Señora de Gracia, que presidía la “Ermita Nueva” de las cuevas. En 1934, dos años antes de su muerte, lo recordaba de esta manera:

             “Confieso ingenuamente que al subir yo a las cuevas de Guadix con un grupo de mis seminaristas, no pensé en otra cosa sino en una catequesis; que de nuestras visitas a la ermita de la Virgen de Gracia, titular de aquel sagrado recinto, medio cueva, medio capilla, surgió el plan de las escuelas y que la vocación a este género de apostolado tuvo su origen allí y las cambiantes posteriores, hasta llegar a la realización de su última etapa, la Institución Teresiana, ante otra imagen de nuestra Señora, en la Santa cueva de Covadonga”.

lunes, 24 de febrero de 2014

Los famosos recortes

Los famosos recortes

Estos últimos días está muy de moda las quejas de los funcionarios y otros tipos de personas por los “famosos recortes” del estado. Pero… y por “la dignidad de los demás” ¿nadie dice nada? ¿Es normal que un maestro escuela gane 2.500 € y un trabajador normal 1.000-y eso el que más-? Pero claro el que ha estudiado una carrera tiene más derechos que los demás; tiene que ganar el doble o triple más que los demás, y yo pregunto ¿por qué? Mientras que el universitario estudiaba, el trabajador estaba trabajando para que aquel pudiera sacar sus estudios ¿o es que alguno se ha costeado totalmente su carrera? Yo diría que de mil, a lo sumo diez, pero y ¿los demás? Eso de que estuvo estudiando 3, 5 o 7 años, no me vale de nada; porque si no hubiera sido por el trabajador, el otro no hubiese podido estudiar. Este mundo es una cadena en la que las personas somos eslabones y todos somos necesarios e imprescindibles, en el momento que se rompe un eslabón, la llevamos más de culo que san para atrás.
Todos los trabajos tienen sus responsabilidades, o ¿es que no la tienen: los conductores, los albañiles, los fontaneros, los comerciales, los contables, etc. etc. etc.? Entonces ¿por qué tiene que haber ciudadanos de 1ª, 2ª, 3ª… y tercer mundo? ¡Esto es injusto!, porque si una familia no puede vivir porque de los 2.200€ le han quitado 100 o 200€ y le han quitado la paga de Navidad ¿Cómo puede vivir la que gana 1.000 y aún mucho menos, y sin ninguna paga porque encima todas estas extras las tienen metidas en la nómina? Y los parados y sin subsidio ¿Cómo pueden vivir? ¿Y los que mueren de hambre? Estamos enojando a Dios y esto no es bueno; cada cual mira por su bolsillo y no hay empatía, así nos va. Miramos antes la paja en ojo ajeno y no vemos la viga que tenemos en el nuestro.

¿Por qué no luchar por un mundo más humano, más solidario y más justo; en el que todos nos llevemos como hermanos y nos preocupemos por los problemas de los demás? ¿Por qué nos preocupamos por nuestros rompecabezas, dándonos lo mismo el de los demás? Somos egoístas y miramos nuestro ombligo. Luchemos porque no haya hambre en el mundo, por la justicia y por la paz; y lo demás se nos dará por añadidura.   

domingo, 23 de febrero de 2014

Navidad, Fiesta sin precedentes

NAVIDAD, FIESTA SIN PRECEDENTES

Desde estas líneas me solidarizo con todas aquellas personas que en estas Navidades no van a tener ni siquiera un techo donde acobijarse; también con aquellas otras que teniéndolo no tienen ni para calentarse en estos días de tanto frío, pero de un calor fraternal incomparable. Me solidarizo con aquellas otras que le faltan algún ser muy querido y les digo que hay que demostrar ser feliz para hacer felices a los demás. Ni Dios ni nuestros seres queridos que están con Él, quieren vernos con caras tristes y amargando la existencia a los demás, tenemos que ser fuertes y acordarnos de que cuando a ellos le faltaron, nos daban calor y nos contagiaban con su alegría en una noche sin precedentes (pues cada Nochebuena es distinta), noche que tenemos la obligación- todo cristiano que así se hace llamar- de llevarla todas las noches del año para y con todos nuestros semejantes. No puede ser que en esta Noche estemos todos tan contentos y al día siguiente  estemos con envidias, orgullo, prepotencia, infidelidad… esto no puede ser, no es de ser persona y mucho menos cristiano. Todos nos tenemos que amar y querer como lo que somos, hermanos en Cristo Jesús.
Nuestros tiempos no son ni peores ni mejores que los de nuestros antepasados, son los tiempos que nos ha tocado vivir y por ello tenemos que darle gracias a Dios y no olvidarnos nunca de lo que nuestros padres nos enseñaron y así transmitir  a los demás, no callarnos ante tanta barbarie como oímos y como estamos viendo; decimos aquello de: “esta generación no es como la nuestra” y yo me pregunto, entonces ¿Por qué son así? Tan solo han pasado una- a lo sumo dos- generación, la culpa no es toda de ellos; no hemos sabido anunciarle todo lo que nuestros padres nos hicieron ver con su ejemplo de vida, vida en la que por encima de todo estaban los valores humanos y el pacto entre caballeros; no hacía falta papeles firmados ni nada por el estilo, solo con darse las manos era suficiente y ay de aquel que no cumpliera lo pactado. Vivimos una época en la que prima más la vida sin Dios que con Él, el ser cristiano nos compromete a llevar una vida ejemplar renunciando a muchos de los placeres mundanos y esto no es muy llamativo para ellos que digamos; es más fácil dejarse llevar por el impulso de los demás que decir ¡NO!, solamente quieren saber de derechos y las obligaciones para ellos no existen en su diccionario. Hay vecinos que no se conocen, personas que no quieren saber nada de los demás, y más, si esto les comprometen en algo, solo vale el ser “primero yo, luego yo y si sobra algo para mi” Muchos de estos humanos no han recibido esta forma de vida, entonces yo me pregunto ¿Qué ha pasado? ¿Quién o qué ha fallado? ¿Por qué vemos la paja en el ojo ajeno y no la viga en el nuestro? No le demos más vueltas, nadie y todos somos culpables; nos gusta ir a la última moda y seguir las tendencias novedosas y esto es lo que verdaderamente nos ha llevado al caos en el que vivimos, porque entre otras, la novedad es  no tener ninguna creencia, sólo la del bolsillo y la diversión y tener derecho a todo.

Estas fiestas van a ser muy especiales para muchas personas; decimos aquello de: “la Navidad es siempre igual” pero ¿de verdad son todas iguales? Desde el año anterior ¿no ha sucedido algo diferente a las otras? Nuestros corazones ¿saben llenarse de amor y entendimiento? Si solamente nos fijamos en los que este año no están con nosotros, sin hacer nada para que nuestro interior reconozca que la Navidad es AMOR y ALEGRÍA, somos los más mezquinos de la tierra. Un cristiano nunca puede estar triste, la alegría es nuestra insignia, las obras de caridad nuestra preocupación y la fe y la esperanza nuestra meta, todo esto amasado con el amor a Cristo, hace un escudo que no hay ni sobre la tierra ni en las noches oscuras quien lo pueda traspasar. Que estas Navidades estén llenas, para todo el mundo de: alegría, paz, amor y caridad, sin olvidarnos de nuestros hermanos que lo están pasando verdaderamente mal.  

Diez caminos para ser felices

CAMINOS PARA APRENDER A SER FELICES
"Los humanos no nacemos felices ni infelices, sino que aprendemos a ser una cosa u otra y que, en una gran parte, depende de nuestra elección el que nos llegue la felicidad o la desgracia. No es cierto, como muchos piensan, que la dicha pueda encontrarse como se encuentra por la calle una moneda o que pueda tocar como una lotería, sino que es algo que se construye, ladrillo a ladrillo, como una casa. La felicidad nunca es completa en este mundo, pero, aun así, hay raciones más que suficientes de alegría para llenar una vida de jugo y de entusiasmo y que una de las claves está precisamente en no renunciar o ignorar los trozos de felicidad que poseemos por pasarse la vida soñando o esperando la felicidad entera. No hay recetas para la felicidad porque no hay sólo una, sino muchas felicidades, y cada hombre o mujer debe construir la suya... No obstante, sí hay una serie de caminos por los que se puede caminar hacia ella:
1. Valorar y reforzar las fuerzas positivas de nuestra alma. Descubrir y disfrutar de todo lo bueno que tenemos. Sacar jugo al gozo de que nuestras manos se muevan sin que sea preciso para este descubrimiento las manos muertas de un paralítico.
2. Asumir después serenamente las partes negativas de nuestra existencia. No encerramos masoquísticamente en nuestros dolores. No magnificar las pequeñas cosas que nos faltan. No sufrir por temores o sueños de posibles desgracias que probablemente nunca nos llegarán.
3. Vivir abiertos hacia el prójimo. Pensar que es preferible que nos engañen cuatro o cinco veces en la vida que pasamos la vida desconfiando de los demás. Tratar de comprenderles y de aceptarles tal y como son, distintos a nosotros. Pero buscar también en todos más lo que nos une que lo que nos separa. Ceder siempre que no se trate de valores esenciales con nuestro egoísmo.
4. Tener un gran ideal, algo que centre nuestra existencia y hacia lo que dirigir lo mejor de nuestras energías. Caminar hacia él incesantemente, aunque sea con algunos retrocesos. Aspirar siempre a más, pero no a demasiado más. Dar cada día un paso. No confiar en los golpes de la fortuna.
5. Creer descaradamente en el bien. Tener confianza en que a la larga -y a veces muy a la larga- terminará siempre por imponerse. No angustiarse si otros avanzan aparentemente más deprisa por caminos torcidos. Creer en la también lenta eficacia del amor. Saber esperar.
6. En el amor, preocuparse más por amar que por ser amados. Estar siempre dispuestos a revisar nuestras propias ideas, pero no cambiar fácilmente de ellas.
7. Elegir, si se puede, un trabajo que nos guste. Y, si esto es imposible, tratar de amar el trabajo que tenemos, encontrando en él sus aspectos positivos.
8. Revisar constantemente nuestra escala de valores. Cuidar de que el dinero no se apodere de nuestro corazón, pues es un ídolo difícil de arrancar de él cuando nos ha hecho sus esclavos.
9. Descubrir que Dios es alegre, que una religiosidad que atenaza o estrecha el alma no puede ser la verdadera, porque Dios o es el Dios de la vida o es un ídolo.
10. Procura sonreír con ganas o sin ellas. Estar seguros de que el hombre es capaz de superar muchos dolores, muchos más de lo que él mismo sospecha.”



                                             + P. José Luis Martín Descalzo

Dignidad humana

Dignidad humana


La totalidad de la humanidad pide respeto, esto es todo un derecho para todos, pero hay algunos que lo hacen con más ahínco y lo tienen como buque insignia. Son de los que, y a la primera de cambio, están llevando a los juzgados cualquier ofensa por pequeña que sea. Pues bien en estos días se han cometido muchas ofensas, no solo a la Iglesia Católica, sino y también a personas, físicamente hablando, en las JMJ. Se podía ver pancartas ofensivas  con el anagrama de izquierda unida, yo todavía no he oído pedir perdón al señor Lara. Estamos con la famosa ley del embudo, que tanto ellos han criticado toda su vida. Y yo ahora me pregunto ¿y ahora qué?, a mí se me cae la cara de vergüenza de la imagen que hemos dado al mundo entero. SEÑOR LARA, SI LE QUEDA LA MÁS MÍNIMA VERGÜENZA Y DIGNIDAD, COMO PERSONA Y COMO ESPAÑOL, YO LE PIDO QUE PÚBLICAMENTE PIDA PERDÓN, PRIMERO A LA IGLESIA CATÓLICA, SEGUIDO DE S.S. EL PAPA BENEDICTO XVI Y TERMINANDO CON LA CANTIDAD DE JÓVENES QUE HABÉIS MASACRADO CON VUESTRAS LAMENTABLES ACTITUDES.¡ Hasta incluso pegarle a un niño de 14 años!. Y al señor Zapatero también le pido responsabilidades. ¿Hay que ser gay para tener todos los derechos y respetos? ¿Hay que ser de izquierdas para ser los más importantes? Pues yo le digo que no, pues todos tenemos los mismos derechos y obligaciones y somos igual de importantes. Que sus derechos terminan donde empiezan los míos. 

Amor hacia nuestros padres

AMOR HACIA NUESTROS PADRES.

No hacemos caso de la educación recibida de nuestros padres, y así nos va, luego le echamos la culpa de los problemas de la juventud, a otros o incluso a ellos mismos, o sea a la nueva generación, cuando toda la culpa no la tienen ellos.
En la generación anterior, hablemos de los años 60 y 70 no me voy más atrás, había un respeto y una forma de vivir muy distinta a la que tenemos en hoy día. Antes, por ejemplo, los abuelos cabían en las casas, en hoy día, y a las primeras de cambio, nos deshacemos de ellos llevándolos al Asilo, geriátrico o residencia adaptada para estos. Recuerdo que mi madre, sobre todo en invierno, dado que había más tiempo para estar en casa, me contaba muchas historias que a ella le habían contado sus antepasados, y en mi mente tengo casi todas, pero ahora voy a contar dos que vienen al caso. Me decía, mira hijo, no hagas a los demás lo que a ti no te gustaría que te hiciesen, y al calor del brasero de picón, empezó a contarme que iban un padre, ya metido en años, y su hijo, camino del sendero, hacia la ciudad y que cansados se sentaron en una roca. El padre, con lágrimas en los ojos, le dice: hay que ver lo que es la vida, en esta misma piedra nos sentamos tu abuelo y yo cuando lo llevaba al asilo. Pero la que más me impacto fue la siguiente: le dice el padre al hijo, anta Javi ves y tráete la manta que hay en el corral para llevar al abuelo al asilo, para que no le dé frío. Al cabo del rato llega Javi con la manta y se la da a su padre; este asombrado le dice: hijo, aquí hay media manta ¿Dónde está la otra mitad? Y Javi le responde, (lleno de tristeza, incomprensión e impotencia): la otra parte la he guardado para cuando tú estés metido en años, como el abuelo, llevarte yo al asilo.
Y por si fuera poco, se han inventado esto de “la muerte digna”. Se trata a las personas, yo diría, peor que a los animales, pues a un perro con años les da lástima matarlo, dándole las máximas de vueltas para ejecutarlo. ¡Pero bueno!, ¿qué está pasando?; los ajetreos de la vida ¿pueden llegar hasta tal punto? ¿Nos estamos deshumanizando? ¿No tenemos temor de Dios? O es que nos acomodamos en el sillón de los derechos, dejando a un lado las obligaciones y el respeto hacia nuestros mayores. ¿Puede la comodidad hacernos peor que los animales? Eso que se dice: “es que en mi casa no hay sitio, sólo tengo una cama para cada uno de mis dos hijos y la nuestra de matrimonio”. Yo a estas personas le digo que en queriendo todo es posible, pero claro, hay que querer. Hasta el abuelo, matrimonio y dos hijos, cabían en una cama de matrimonio y ahora con tres camas, no hay sitio para el que está chocheando, para el que dio su vida por sus hijos ¡qué pena! Pero luego algunos (que no todos) acallarán sus conciencias, yendo a por ellos para la cena de Navidad. ¡Qué falsos e hipócritas somos! ¿Qué pasa, es que el resto del año no se nos remueve la conciencia? ¿Sabemos bien lo que es Navidad? Navidad no es solo comer pavo, polvorones y hacer regalos, es algo más; Navidad es Amor, es saber que el Niño Dios ha venido al mundo para redimirnos de nuestro pecado, para abrirnos la puerta del Cielo y para recordarnos que como ese día deben de ser todos sin excepción, los 365 días del año. Porque como dijo san Agustín: “Ama y haz lo que quieras” porque el que ama no puede hacer daño a nadie. No sabéis muy bien el daño tan tremendo que le hacéis a vuestros padres con alejarlos del calor del hogar; por muy bien atendidos que estén (y que de hecho lo están), por muchas visitas que le hagáis; aunque ellos os digan que están bien “NO SON FELICES”, les falta la medicina más importante, la del calor del hogar, el calor de los suyos. Porque no olvidéis que para ellos lo más importante sois “VOSOTROS”, sus hijos e hijas y nietos.
Hay un porcentaje mínimo de abuelillos, que por su incapacidad, es casi imposible atenderles en su hogar, por la atención médica que deben de tener. Aun así voy a exponer una frase del Eclesiástico que dice: ¡Hijo, cuida de tu padre en su vejez y aunque haya perdido la cabeza, sé indulgente, no le desprecies en la plenitud de tu vigor!

Al calor del hogar

                                        AL  CALOR  DEL  HOGAR
                                     
En un lugar, no muy lejano, estaba una familia, sentada, al confort de la hoguera, en el salón de su casa. Era un otoño muy duro en puertas de entrar el invierno. La familia estaba formada por: La abuela, los padres y dos hermanos- Pedrito y Sara-. Pedrito estaba en edad de prepararse para su primera Comunión y asistía a catequesis. Tenía siete años, y había oído hablar en esta sobre el Adviento, pero no lo tenía muy claro. Rompiendo el hielo, le pregunta a la abuela: Abuela ¿qué es el Adviento? La abuela que era una mujer Católica y puesta en todo esto de los tiempos Litúrgicos le contestó y dijo: Pedrito, Adviento quiere decir que Alguien viene y ¿quién crees que viene? Pedrito le contestó: pues el niño Jesús. La abuela le dice, efectivamente, Cristo viene y durante cuatro domingos antes de Navidad, nos preparamos para recibirlo en nuestros corazones. Jesús llama en las puertas de nuestras almas y nosotros le tenemos que recibir con toda la alegría de nuestro ser y abrirle las puertas de par en par y decirle: Ven, Entra, Jesús de mí vida y mora en mi corazón para siempre, pues sólo quiero ser Tuyo. Y ¿cómo se hace eso?- le pregunta Pedrito- ¿cómo se abren las puertas del corazón? Esta le contesta: pues muy fácil, rezando y haciendo el bien por los demás. No sólo vale darse golpes de pecho, hay que actuar, ayudando a los más necesitados y hay que cumplir los diez Mandamientos y que estos se cierran en dos: amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo. Abuelita ¿quién es el prójimo? Son todos los hombres y mujeres, niños y niñas, en definitiva, todos nuestros hermanos, pues todos tenemos a un mismo Padre que es Dios nuestro Señor.
Sara, que tenía cinco años, le dice a la abuela: abuelita hoy he oído que una niña de sexto curso se ha quedado embarazada y que sus padres están decididos a que aborte ¿cómo puede ser esto? Esos papás van a matar a un bebé. Y llorando se echó sobre el delantal de su abuela. Esta, consolándola y acariciando su cabello le dijo: Hija mía, vivimos en un mundo muy loco y no hay temor de Dios.  Esos papás tenían que haber educado a su hija como tus papás te están educando a ti y a tu hermano, porque existen los derechos pero también las obligaciones y estos dos tienen que ir ligados. Tan malo es todo derechos como todas obligaciones. Habría que ver como se ha criado esa niña, y Pedrito, saltó como una centella, y dijo: pues he oído también que sus padres están divorciados y todos callados se miraron a los ojos y con los semblantes entristecidos. La abuela, abriendo la palabra de nuevo dijo: veis esa pobre niña está hambrienta de amor y de orden en la familia y ahora cuando ya no tiene solución, en una voz, saltan los padres y dicen que tiene que abortar. ¡Dios mío a donde vamos a llegar! Toda edad tiene sus formas de vida y ahora vosotros- dirigiéndose a los niños- tenéis que vivir vuestra edad y que es muy bonita, ya tendréis tiempo de ser adultos y vivir como adultos. Ahora tenéis vuestras ilusiones y vuestros sueños llenos de fantasía, seguir así ¡ah! Estamos en puertas de llegar a la Navidad y después los Reyes Magos.
Sara y Pedrito, cambiando de semblante, se miraron a los ojos, los dos los tenían llenos de felicidad y les brillaban cómo dos estrellas a cada uno. A Pedrito, poco a poco, le fue cambiando su cara y sus padres les pregunta: Pedrito ¿te estás entristeciendo?, este les dice: sí, porque me ha dicho un compañero de clase que los Reyes no existen, que es una invención. Su mamá, con toda la dulzura del mundo, le dice: Pedrito, tenéis que vivir vuestra inocencia y niñez. En cuando a ese compañero tuyo, no le hagas caso, los Reyes Magos existen y la noche del cinco al seis de Enero se convierte, por la Gracia de Dios, en una noche mágica y todos los niños, cuyos padres son Católicos, del mundo reciben sus juguetes, unos más y otros menos pero todos los reciben. Por cierto ¿habéis escrito la carta a los Magos de Oriente? Pedrito y Sara se volvieron a mirar a los ojos y salieron corriendo a coger un papel y un bolígrafo y llenos de amor en vez de pedir para ellos, pidieron para sus papás, abuelita y... La niña embarazada. Pidiéndole a los Reyes que esta no abortara y un sonajero para el bebé.


¿Que pasa con el Papa, el buey y la mula?

¿QUÉ PASA CON EL PAPA, EL BUEY Y LA MULA?

Ana Belén, un niña de nueve años, estaba preparando su portal de Belén, tan entusiasmada que gozaba de alegría por los cuatro costados y fue que al poner la mula y el buey, su hermano, mayor que ella, empezó a reírse y le decía: bah que tonta ¿porqué pones el buey y la mula? ¿No has oído lo que ha dicho el Papa? “el buey y la mula no estaban en el Portal”; Belén (que así la llamaban en casa), llena de desilusión, le empezó a decir que era un embustero, que quería hacerle rabiar y que eso no lo dijo el Papa. El hermano, mofándose de ella, le decía: que no, pues mira lo que dice la tele; cuando Ana Belén oyó y vio lo que decía, que era  lo que su hermano le comentaba, se puso muy triste y se le saltaron unas lágrimas. Pasó toda la noche sin poder dormir y se decía: ¿Cómo puede ser que el Papa haya dicho esto? Siempre se han puesto los dos animales, como ahora dice que no fue así; ¿Quién le dio calor al Niño Jesús? Y desconsolada, no paraba de llorar y de no entender aquella situación. Belén estaba destrozada, hecha añicos, incluso llegó a pensar que toda su vida habían vivido en un puro engaño. Su mamá al oírle suspirar, se acerco a su cama y le preguntó: hija mía ¿Qué te pasa? Ella, en un puro suspiro, le contó lo que le había sucedido y decía: “mamá, no puede ser que el Niño Jesús no tuviera al buey y la mula”, ¡con el frio que hace en diciembre!; y su madre, con una mirada tierna, y, sin saber que decirle, para consolarla le dijo: Belén, mañana tienes catequesis ¿verdad?, si mami, mañana es jueves; y su madre le dijo: pues mira yo no sé contestarte, pero seguro que tu catequista te da la solución, así es que duérmete y mañana ya verás cómo te explican todo esto; sí mamá, así lo voy a hacer. Y Ana Belén se quedó profundamente dormida, pero como estaría, que hasta soñó con un Belén sin mula ni buey. Llegó la hora de levantarse y sonó el despertador, la niña se encontraba fatigada, pues no pudo dormir en condiciones y un poco cansadilla se fue al cole. Deseaba ardientemente, que llegara la hora de la catequesis para que su catequista le hablara sobre el tema.
Por fin llega la hora y su mamá la arregla para ir a la catequesis, ella estaba en ascuas vivas hasta encontrarse con la persona que le despejara sus dudas y su incomprensión; ya en el aula, con sus compañeros, comenzaron a hablar sobre el adviento; y el catequista les pregunta ¿Qué es el Adviento? Cada uno daba su versión, Belén levantó la mano y cuando le fue posible dijo: Adviento quiere decir que alguien viene y ese alguien es Jesús, pero (fijándose en el catequista) ¿es verdad que el Papa ha dicho que en el Belén no había ni buey ni mula? El catequista, mirándola con mucha dulzura, llamó a la atención de todos los demás y les comenta: vosotros que decís a la pregunta de Belén, todos sorprendidos por la pregunta de la niña, no sabían que contestar, y, los treinta ojos fijos (con cierta ignorancia) en el catequista, esperaban una respuesta. Este le pregunta a la niña ¿tú qué crees?; Que no es verdad, pero entonces ¿Por qué lo dice la tele?; Veréis, el Papa nunca ha dicho que no hubiera mula ni buey – el semblante de Ana Belén cambió y sus ojos brillaban como las estrellas-, lo que dijo es que los Evangelistas no comentan este detalle en sus evangelios, y esto es verdad: San Mateo, San Marcos- que no menciona nada sobre la Encarnación-, San Lucas, que es el que más detalles da sobre el nacimiento de Jesús- y San Juan, que empieza: al principio era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios y el Verbo era Dios… pero ¿sabéis de que viene lo del buey y la mula?, todos los niños se miraban unos a otros llenos de incógnitas; Veréis, fue ochocientos años antes de que naciera Jesús, que había un profeta que se llamaba Isaías y dijo lo siguiente: “El buey conoce a su amo, y la mula el pesebre de su dueño; Israel no me conoce, mi pueblo no comprende” (Isaías 1, 3).
También Habacuc, otro profeta (seiscientos años antes del Nacimiento de Cristo), dijo: ¡En medio de dos seres vivientes… serás conocido; cuando haya llegado el tiempo aparecerás!, (versión griega de Habacuc 3, 2). Con los dos seres vivientes se da a entender claramente a los dos querubines sobre la cubierta del Arca de la Alianza que, según el Éxodo, indican y esconden a la vez la misteriosa presencia de Dios. Así, el pesebre sería de algún modo el Arca de la Alianza en la que Dios, misteriosamente custodiado, está entre los hombres, y ante la cual ha llegado la hora del conocimiento de Dios para ‘el buey y la mula’, para la humanidad compuesta por judíos y gentiles.
“En la singular conexión entre Isaías, Habacuc, Éxodo y el pesebre, aparecen por tanto los dos animales como la representación de la humanidad, de por sí desprovista de entendimiento, pero que ante el Niño, ante la humilde aparición de Dios en el establo, llega al conocimiento y, en la pobreza de este nacimiento, recibe la epifanía, que ahora enseña a todos a ver. La iconografía cristiana ha captado ya muy pronto este motivo”. ¡Ninguna representación del nacimiento renunciará al buey y a la mula!
Ana Belén se quedó como en las nubes y con los ojos llenos de alegría le dice al catequista: ¡gracias, lo he entendido muy bien!
Cuando su mamá fue a recogerla se quedó perpleja y dándole un beso le dijo: “todo muy bien, ¿verdad hija?”, sí mami, todo aclarado; y se lo fue explicando todo, con pelos y señales, por el camino. Cuando llegó a casa puso el buey y la mula en un lugar del Portal donde se veía a la perfección y le explicó a su hermano lo que de cierto pasaba entre el Papa, el buey y la mula. Este no haciéndole mucho caso la ignoró, pero Belén era la niña más feliz del mundo; como seria que aquella noche, en sus sueños, volvieron el buey y la mula. Belén aprendió que las cosas no hay que tomárselas a la ligera y que antes de criticar hay que preguntar; antes de amargarse hay que confiar en Dios y no hacer caso de los chismorreos públicos.

¡No todo, es lo que parece!